Arauca


"Lo único que me queda, son las deudas en el banco": damnificado por invierno en Arauca.

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Inundados
Inundados: Sectores de la periferia de la ciudad de Arauca se encuentran inundados por las aguas del río Arauca.

Nemesio Buitrago es un humilde campesino que vive en el barrio Villa Luz. Como la mayoría de las viviendas del sector, la suya es una pequeña parcela, que quiso aprovechar con cultivos de plátano y cría de pollos, pues quería mejorar su situación económica. Así que pidió un préstamo bancario para tal fin.

Todo parecía marchar bien: las plantas de plátano estaban creciendo, al igual que sus pollos... hasta que llegó el invierno en Arauca. El puente junto a su casa, que comunica a un sector con otro del barrio, fue quebrado por la inclemencia del invierno. El río Arauca terminó de romper un sector del dique y sus enfurecidas aguas arrasaron con los animales y anegaron el platanal de don Nemesio. El río le llegó como un invitado no deseado, se le instaló en la humilde vivienda y ahora el agua le llega hasta el ombligo.

«Perdí casi todo lo que invertí, solo me queda una mata de plátano. Los animales se los llevó el río y la nevera se me dañó», cuenta don Nemesio mirando con tristeza su finca.

Don Nemesio calcula que, así como él, también están las alrededor de 40 familias vecinas suyas. «De algunas familias sé que el agua les llega hasta el pecho. También perdieron los animales y los cultivos. Todo se lo llevó el río», dice.

Cuando le preguntamos por otras cosas que quizás haya podido salvar, nos mira con una sonrisa triste y vuelve a mirar su casa: «Lo único que me queda son las deudas con el banco. Y yo, sin plata para pagarlas. No sé que voy a hacer».

Según él, la culpa es de los gobiernos, por no prestarle atención al dique, para evitar que colapsara: «Es que esto no pasaba hace mucho tiempo. Debieron arreglar el dique río arriba, donde sabían que estaba fallando. Pero no le metieron el hombro a eso y ahora mire cómo estamos», concluye.

Para Elkin Patiño, canoero, por ahora, lo que se necesita es un puente más resistente: «Es que miren, éste se cayó. Y quien sabe si vayan a arreglar esta vía, porque como veo las cosas, esto ya se volvió un brazo del río. Y es muy hondo, como pueden ver», explica.

Él se gana la vida transportando pasajeros en su canoa, de una orilla a la otra, en la vía rota con la que el río divide el barrio cada vez que crece su cauce. Hay quien lo critica por aprovecharse de la calamidad, pero también hay quien lo justifica, alegando que la crisis económica y la falta de ayudas gubernamentales lo obligan a rebuscarse la vida de esa manera.

Al respecto, don Nemesio cuenta: «Pues aquí el gobierno nos entregó un mercadito y otras cositas, como para paliar la situación, pero eso nunca es suficiente. Faltan medicinas, atención médica. Por aquí no han vuelto». Lo que sí parece volver cada año es el río Arauca, pues no es la primera vez que se le inunda la casa.

Igual están en sectores como Caño Jesús y el asentamiento ilegal de Bello Horizonte, que por ahora, no le hace honor a su nombre: con camisetas de la selección Colombia, y el agua al pecho, sacaban a partes más altas sus pocos electrodomésticos de valor. El descontento con los gobiernos es tal, que se ha hablado hasta de tomarse las vías de hecho, para reclamar más atención del Estado, por la inundación del río Arauca.

Un río que quiere reclamar su territorio. Y muy seguramente lo logrará, inundando la capital araucana, en la misma medida en que sus gobernantes se sigan haciendo los de la vista gorda con la reparación del dique.

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