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  • Última actualización 2026-06-02 19:37:26

Otro falso positivo judicial en el Meta. Lo declararon inocente cuando ya había muerto en prisión

Villavicencio.  En serie se conocen los llamados “falsos positivos” de la Fiscalía y los jueces en el Meta, luego de conocerse que Iván Hurtas Núñez, fue declarado inocente después de haber muerto en la prisión a donde el poder judicial lo había enviado.

Se dijo que, el único 'delito' que cometió Huertas Núñez fue haberse ido a vivir a La Julia (Meta), cuando la guerrilla dominaba a su antojo esa inspección del municipio de Uribe.

La situación económica en Villavicencio era insostenible y la responsabilidad como esposo y padre lo obligaron a tomar una decisión difícil: irse para una zona de orden público a trabajar.

Su único patrimonio, además del amor por su familia, eran los conocimientos en mecánica automotriz que desde joven había aprendido.

El trabajo duro y los ahorros le permitieron poner un taller con el que empezó a recuperarse de esa crisis monetaria que había atravesado en la capital del Meta. Sin embargo, la alegría duró poco. La tensión que vivía el país con los diálogos de paz con las Farc se sentía aún más en La Julia, pleno corazón de la zona de despeje.

"Las cosas se pusieron muy complicadas porque él no quería inclinarse ni para un lado ni para otro, sólo quería trabajar y levantar a sus hijos, así que se vino otra vez para Villavicencio", recuerda su hermana Luz Dary Huertas.

Y las cosas empeoraron. Tras dos años de haberse venido de La Julia y vivir en el barrio Covisán, el 9 de abril del 2007, un grupo de detectives del DAS lo capturó y lo acusó de rebelión.

Varios testigos lo señalaron a él y a otras nueve personas, que también vivieron en La Julia, de ser miliciano de las Farc, durante el tiempo que estuvieron en esa inspección.

"Lo paradójico es que varios de los que lo acusaron habían sido personas que Iván ayudó y les dio trabajo en su taller en La Julia", sostiene Luz Dary, quien agrega que la política de recompensas y de beneficios para los desmovilizados que se entregaban provocó una serie de falsas acusaciones contra personas inocentes que habitaron en pueblos de la zona de distensión.

Durante 30 largos meses Iván y su familia emprendieron una penosa lucha jurídica para demostrar su inocencia, mientras él fue recluido inicialmente en La Picota de Bogotá, y luego en la Penitenciaría de Acacías.

Pero el dolor no terminó ahí. Recluido, Iván enfermó de leptospirosis, que cuando no se trata a tiempo puede llegar a ser mortal.

"No me quiero morir en la cárcel", les decía a sus familiares durante las visitas, mientras en prisión soportaba intensas fiebres y agudos dolores musculares.

Sólo una tutela de la Personería de Acacías logró que lo sacaran de la cárcel para ser atendido, pero ya era tarde. El 28 de julio del 2009 murió, esperando que la justicia creyera que era inocente.

Y le creyó. Tres meses después de que su esposa, sus hijos y su demás familia lo enterraron en el cementerio Jardines del Llano, el Juzgado Segundo Especializado de Villavicencio profirió un fallo que dejaba en libertad a Iván Huertas y a las otras nueve personas que alguna vez cometieron el 'delito' de irse a vivir a La Julia.

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