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Casanare

Del cultivo a la mesa: El aguacate gana terreno en Casanare.

Monterrey y Tauramena muestran cómo el fruto empieza a abrir nuevas oportunidades más allá de su comercialización en fresco, con iniciativas de transformación y turismo gastronómico.

El aguacate está encontrando nuevas formas de crecer en Casanare. Aunque todavía está lejos de tener la escala de cultivos como el arroz, el fruto ha ganado espacio en municipios del piedemonte y empieza a generar alternativas que van más allá de la venta tradicional de la cosecha.

Monterrey es uno de los principales referentes. De acuerdo con la UPRA, en 2020 el municipio registraba 148 hectáreas sembradas de aguacate, la mayor extensión reportada entre los municipios productores del departamento. El cultivo también aparece en otros municipios del piedemonte y la cordillera, con presencia de variedades como Lorena, Hass y criollas.

El interés por el cultivo también ha llegado a la academia. Una investigación publicada en 2025 analizó 45 sistemas de producción de aguacate Lorena ubicados en Monterrey y Tauramena y encontró diferencias importantes entre los modelos productivos, desde sistemas tradicionales hasta explotaciones con mayor incorporación de prácticas técnicas. El estudio señala que el aguacate Lorena representa una alternativa importante para productores de pequeña escala y para el mercado interno.

Pero la transformación del aguacate en Casanare no ocurre solamente en las parcelas.

De la fruta al emprendimiento

Uno de los ejemplos más particulares es Montecate, emprendimiento surgido en Monterrey alrededor de la transformación del aguacate.

El SENA documentó desde 2014 la experiencia de jóvenes rurales de este municipio que desarrollaron un licor artesanal a base del fruto. La iniciativa llegó incluso a una feria en el Parque Nacional del Chicamocha, donde fue presentada como una propuesta innovadora de transformación agroalimentaria.

Su promotor, Osman Rojas, ha continuado desarrollando la iniciativa. Según la información suministrada para esta historia, actualmente cuenta con seis hectáreas destinadas al cultivo de aguacate, que utiliza como materia prima para ampliar la oferta de productos de Montecate.

"La ventaja de transformar el aguacate es que la fruta se conserva por más tiempo. Si se deja como está, madura muy rápido y dura menos. En cambio, al convertirlo en otros productos se alarga su vida útil y se le puede sacar mucho más provecho", explicó Rojas.

A partir de esa idea, el emprendimiento ha explorado diferentes preparaciones y derivados, entre ellos helados de aguacate combinados con maracuyá, mora y chocolate, además de galletas, mantequilla, aromáticas y jugos. También trabaja en el desarrollo de aceite de aguacate.

La transformación de este fruto no es una posibilidad exclusivamente comercial. Investigadores de la Universidad Nacional de Colombia han estudiado precisamente el potencial de aprovechamiento de diferentes partes del aguacate Lorena que normalmente terminan como residuos, como la cáscara y la semilla, debido a la presencia de componentes que pueden ser utilizados en productos de la industria alimentaria.

Tauramena convierte el aguacate en atractivo turístico

La apuesta también llegó al turismo.

En Tauramena funciona Aguacate Villa Antonella, un restaurante y espacio turístico construido alrededor de este fruto. El sitio ofrece una ruta por el cultivo y una experiencia gastronómica basada en diferentes preparaciones con aguacate.

La propuesta fue reseñada en 2025, destacando entre sus preparaciones las hamburguesas, helados, jugos y otras alternativas elaboradas a partir del fruto. El proyecto busca convertir la visita al cultivo y la gastronomía en parte de una misma experiencia turística.

La existencia de estas iniciativas muestra una tendencia que comienza a tomar fuerza en el departamento: el aguacate no tiene que terminar necesariamente en una plaza de mercado para generar ingresos.

El desafío está en lograr que la producción sea sostenible y rentable. El estudio realizado en Monterrey y Tauramena encontró que los sistemas productivos presentan diferencias importantes en productividad, manejo técnico y acceso a mercados, por lo que la consolidación de esta actividad también requiere mejorar las prácticas agrícolas y la comercialización.

Así, mientras algunos productores siguen apostándole a la venta del fruto fresco, otros exploran la transformación y el turismo como caminos para agregar valor.

En Casanare, el aguacate comienza a demostrar que su potencial no termina cuando se cosecha: también puede convertirse en helado, bebida, preparación gastronómica, experiencia turística o materia prima para nuevos emprendimientos.

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