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Hoy cuenta su historia e invita a las mujeres a denunciar a sus agresores.
Casanare

"No me quiero morir": Cómo Tatiana sobrevivió a una madrugada de violencia extrema.

La madrugada del 8 de agosto, en Maní, una mujer abrió la puerta de su casa al padre de sus tres hijos porque él dijo que tenía sueño. Dos semanas después, el hombre fue capturado y enviado a prisión, señalado por la Fiscalía de tentativa de feminicidio y acceso carnal violento. Esta es la historia de las horas que Tatiana creyó que serían las últimas de su vida.

A las doce de la noche, Tatiana abrió la puerta.

No había en aquel momento ninguna señal que le hiciera pensar que estaba abriendo la puerta de su propia casa a la muerte.

Era el padre de sus tres hijos. Habían compartido once años de vida. Él había llegado diciendo que tenía sueño y ella, confiada, le permitió entrar para que descansara.

Después subió al segundo piso.

Fue entonces cuando recibió el primer golpe.

No lo vio venir.

Según contó Tatiana en entrevista con este medio, el puño le llegó por la espalda. Cuando alcanzó a voltearse, recibió otros golpes en el rostro y lo que hasta entonces parecía una noche cualquiera se convirtió en una pesadilla que, según su relato, se prolongó durante casi dos horas.

Después vendrían los golpes contra el suelo, los intentos de asfixia, las heridas en el rostro, las mordeduras en la oreja y las lesiones en los ojos y la boca.

Pero hubo un momento en que Tatiana dejó de pensar en cómo defenderse.

Pensó en sus hijos.

Y rezó.

"No me quiero morir"

Dos de sus hijos dormían en habitaciones de la vivienda. La tercera estaba en una pijamada. Tatiana recuerda que durante la agresión solo podía pensar en ellos.

"No me quiero morir. Mis hijos están pequeños", relató.

El hombre, según su testimonio, la golpeaba y la amenazaba repetidamente con matarla.

En algún momento, ella sintió que su cuerpo ya no tenía fuerzas.

Había intentado defenderse hasta donde pudo, pero la diferencia física entre ambos terminó imponiéndose.

Entonces comenzó a rezar.

El Padre Nuestro fue, para ella, una oración de despedida.

Tatiana creyó que no iba a salir viva de aquella casa. Se encomendó a Dios y puso a sus hijos en sus manos porque, en aquel momento, pensaba que aquella podía ser la última noche de su vida.

Después perdió el conocimiento.

Cuando volvió en sí, descubrió que todavía respiraba.

Y volvió a pensar en sus hijos.

Los ojos cerrados

La agresión había dejado su rostro tan inflamado que apenas podía ver.

Según su relato, durante el ataque el hombre le había lastimado los ojos y, cuando recuperó la conciencia, tuvo que ayudarse con sus propias manos para abrir los párpados y conseguir algo de visión.

Se encontraba en la habitación.

El hombre se ausentó por unos instantes.

Fue suficiente.

Tatiana se vistió como pudo y comenzó a bajar las escaleras.

Una mano buscaba la pared.

La otra intentaba abrir los párpados.

Bajó en silencio porque todavía tenía miedo de que él pudiera verla escapar.

Abrió la puerta.

Salió.

Y caminó hasta la casa de un familiar, a pocas viviendas de distancia.

Allí pidió ayuda.

La llevaron al hospital de Maní.

La mujer que había entrado a esa casa unas horas antes con el rostro de una madre, una trabajadora y una emprendedora, salió de ella con lesiones que todavía hoy le recuerdan aquella madrugada.

Necesitó una cirugía de reconstrucción del pabellón auditivo y otra en la órbita ocular. Perdió sensibilidad en la mitad del rostro y quedó con una lesión en la tráquea que incluso afectó su voz.

También denunció haber sido víctima de violencia sexual después de quedar inconsciente.

La noche no terminó con la fuga

La historia no acabó cuando Tatiana consiguió llegar a la casa de sus familiares.

Mientras ella comenzaba una larga recuperación, el hombre señalado por la agresión había desaparecido.

Y, según el relato entregado a este medio, llegó incluso a comunicarse con familiares para minimizar lo ocurrido.

Su versión era distinta.

Habló de celos, dijo que también había sido agredido y pretendió reducir la agresión a unas pocas bofetadas.

"Solo le di unas cachetadas", habría manifestado.

Mientras tanto, Tatiana tenía el rostro sometido a cirugías y una incapacidad médica de 30 días.

La diferencia entre ambas versiones cabía, entonces, en una frase y en un cuerpo.

Una decía que habían sido unas cachetadas.

El otro necesitaba reconstrucción.

La búsqueda

La denuncia puso en movimiento a las autoridades.

Se activaron las rutas de atención para la mujer y sus hijos y se dispuso acompañamiento psicológico y jurídico para la familia.

También se establecieron medidas de protección para los menores y la familia de Tatiana, luego de que se reportara un incidente en la vivienda donde permanecían algunos de ellos.

La investigación avanzó durante los días siguientes.

La Fiscalía recolectó el testimonio de la víctima, realizó inspecciones al lugar de los hechos y obtuvo elementos de carácter médico y forense, entre otras actuaciones.

Con esos elementos, el Juzgado Promiscuo Municipal de Maní expidió el 20 de agosto una orden de captura.

Al día siguiente, el 21 de agosto, agentes de la SIJIN de Maní llegaron hasta la vereda La Guinea.

Eran las 2:58 de la tarde cuando hicieron efectiva la orden en un predio de la zona rural.

El hombre buscado era Carlos Arturo López Ospina, de 47 años.

Habían pasado trece días desde aquella madrugada.

De la denuncia a la cárcel

La captura cerró, por ahora, una de las etapas más angustiosas de la historia.

López Ospina fue puesto a disposición de las autoridades judiciales y posteriormente se realizaron las audiencias preliminares.

La información conocida después de la captura establece que la Fiscalía le imputó feminicidio en grado de tentativa y acceso carnal violento. El procesado aceptó los cargos y un juez le impuso medida de aseguramiento en establecimiento carcelario mientras continúa el proceso.

La información inicial entregada por la Policía había señalado que el hombre era requerido por acceso carnal violento agravado y violencia intrafamiliar agravada y que registraba anotaciones judiciales por esos delitos y por tráfico, fabricación o porte de estupefacientes. La posterior judicialización, sin embargo, llevó el caso a una imputación por tentativa de feminicidio y acceso carnal violento.

El secretario de Gobierno y Seguridad Ciudadana de Casanare, Julio Ramos, explicó que el trabajo investigativo buscó evitar que el caso quedara reducido a un delito con una respuesta penal menor. Según su declaración, la recolección de elementos probatorios permitió llevar la imputación hacia conductas de mayor gravedad.

"Ninguna mujer merece ser violentada"

Tatiana todavía tiene que mirarse al espejo y reconocer un rostro que, según cuenta, todavía no ha recuperado completamente la sensibilidad.

Tiene que esperar la recuperación de sus ojos.

Tiene que continuar los controles médicos.

Tiene que vivir con las cicatrices.

Y tiene que volver a encontrarse con sus hijos después de una noche en la que creyó que no volvería a verlos.

Pero hay algo que no perdió.

La voz.

Aunque durante varios días ni siquiera pudo hablar con normalidad por las lesiones sufridas, hoy utiliza esa voz para decirle a otras mujeres que no esperen a que la violencia alcance el punto al que llegó su historia.

"Lo primero que uno debe hacer como mujer es denunciar", dijo.

Tatiana habla ahora desde un lugar muy distinto al de aquella madrugada.

Entonces rezaba el Padre Nuestro porque pensaba que iba a morir.

Ahora habla porque sobrevivió.

Y porque quiere que ninguna otra mujer tenga que rezarlo como una despedida.

 

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