El senador Jairo Castellanos rompió el silencio tras el sepelio de Wilmer Leal y Esmely Manrique, los dos integrantes de su esquema de seguridad asesinados la semana pasada en un ataque atribuido al ELN en el departamento de Arauca.
En entrevista con medios de comunicación, el congresista describió el hecho como un acto de “inhumanidad indescriptible” y una “barbarie”, al revelar que no se trató de un retén improvisado, sino de una operación armada cuidadosamente planificada para cerrar cualquier posibilidad de escape.
Según su relato, la caravana fue interceptada por tres camionetas, ubicadas estratégicamente: una adelante, otra en el centro y una más atrás, bloqueando por completo la vía. La maniobra, aseguró, evidenció un conocimiento preciso de los movimientos del esquema y una intención clara de ejecutar el ataque.
Mientras los ocupantes de uno de los vehículos fueron retenidos, los dos escoltas que se movilizaban en la camioneta blindada se negaron a descender. Esa decisión desató una lluvia de disparos a quemarropa. Castellanos, basándose en los videos del ataque, relató que cerca de 20 hombres armados dispararon con sevicia contra el vehículo, celebrando mientras cometían el crimen contra quienes calificó como “gente humilde”.
Uno de los elementos que más llamó la atención del congresista es que los atacantes no vestían uniformes camuflados, sino ropa de civil, una práctica que, según su experiencia en la región, no es habitual en los patrullajes armados. No obstante, la autoría del ataque fue confirmada por integrantes del equipo de campaña que fueron secuestrados durante el mismo hecho.
Los sobrevivientes narraron que fueron vendados y trasladados a un lugar desconocido, donde sus captores intentaron establecer si pertenecían a la fuerza pública. Posteriormente, los hombres armados se identificaron de manera explícita como miembros del ELN, antes de liberarlos hacia las 7:30 de la noche.
El ataque, ocurrido en una de las zonas más golpeadas por el conflicto armado, vuelve a poner en evidencia el alto nivel de riesgo en las vías de Arauca y la capacidad de los grupos ilegales para ejecutar operaciones coordinadas, incluso contra esquemas de seguridad oficiales.