La lucha por salvar la vida de María Leonor Chaparro Chaparro terminó en tragedia. La mujer falleció tras varios días de complicaciones neurológicas, luego de una cadena de retrasos y remisiones que, según su familia, impidieron que recibiera a tiempo el procedimiento que necesitaba para tratar una hemorragia cerebral.
Su hija, Sttefany Concho, confirmó este miércoles el fallecimiento de su madre y denunció que la demora en la atención fue determinante en el desenlace.
“Hoy quiero contarles, con mucho dolor, que mi mamita se ha ido de este mundo terrenal. Ahora descansará en paz. Sin embargo, su partida no fue por decisión propia, sino como consecuencia de la negligencia de la Nueva EPS”, expresó.
Así fue la odisea de esta familia.
El caso comenzó el 28 de febrero de 2026, cuando María Leonor sufrió un colapso repentino mientras hablaba con su hija por teléfono. Su presión arterial alcanzó cifras críticas y fue trasladada de urgencia al Hospital Regional de la Orinoquía.
Una tomografía confirmó el diagnóstico: Hemorragia subaracnoidea, un tipo de derrame que requiere intervención rápida para evitar daños neurológicos graves o la muerte.
De acuerdo con el relato de su hija, en ese momento la paciente estaba consciente y no presentaba afectaciones neurológicas severas, lo que abría una ventana de oportunidad para intervenir.
Los médicos indicaron que era necesario realizar una Panangiografía cerebral y posteriormente un procedimiento de neurointervencionismo, con el fin de identificar el origen del sangrado y corregirlo.
Pero ese examen no se realiza en Yopal.
El 2 de marzo se generó la primera remisión ante la Nueva EPS para trasladar a la paciente a un hospital de mayor complejidad.
Según su hija, aunque el caso estaba clasificado como urgencia vital, la remisión se demoró hasta el 5 de marzo en hacerse efectiva.
Ese día María Leonor fue trasladada en ambulancia a Bogotá y llegó alrededor de las 3:00 de la madrugada al Hospital El Tunal.
Al llegar, la familia asegura que la paciente tuvo que esperar en un pasillo a pesar de que la remisión indicaba ingreso directo a la UCI por tratarse de una emergencia vital.
Solo hasta las 7:00 de la mañana fue ingresada finalmente a cuidados intensivos.
La familia denuncia que la situación se agravó cuando descubrieron que el hospital al que había sido enviada no contaba con el nivel de complejidad ni con el procedimiento que la paciente requería.
Esto implicó nuevos retrasos mientras se evaluaba su condición y se decidía una nueva remisión.
Durante esos días, María Leonor sufrió una segunda hemorragia cerebral, lo que deterioró su estado neurológico.
“Ya habían pasado nueve días en los que quizá se le habría podido realizar la neurointervención que necesitaba desde el inicio”, relató su hija.
La familia inició entonces una intensa búsqueda de ayuda: llamadas a la Superintendencia Nacional de Salud, publicaciones en redes sociales, solicitudes a la EPS y gestiones con personas influyentes.
El 10 de marzo, después de múltiples reclamaciones, el hospital donde se encontraba generó una nueva remisión al evidenciar la segunda hemorragia y la imposibilidad de realizar el procedimiento necesario.
Finalmente fue trasladada a un centro médico que sí contaba con los servicios requeridos.
Pero ya era tarde.
El 11 de marzo, María Leonor sufrió una tercera hemorragia cerebral, aún más fuerte. Los médicos tuvieron que intubarla.
Horas después se confirmó el diagnóstico más devastador para la familia: muerte cerebral.
"Tal vez la historia habría sido diferente"
Para su hija, el desenlace estuvo marcado por la pérdida de tiempo en trámites administrativos y remisiones incorrectas.
“Hoy me quedo sin mi mamita, con un dolor inmenso y con la profunda tristeza de saber que, si se hubiera actuado a tiempo y con responsabilidad por parte de la Nueva EPS, tal vez la historia habría sido diferente”, expresó.
La familia agradeció las muestras de apoyo recibidas durante estos días por amigos, conocidos y miembros de su congregación de los Testigos de Jehová, quienes acompañaron el proceso con mensajes y oraciones.
“Gracias a todos los que nos ayudaron. Aunque no logramos que mi mamita se salvara, vale mucho la intención”, concluyó su hija.
El caso vuelve a poner en el centro del debate las demoras en el sistema de salud colombiano y el impacto que estas pueden tener cuando se trata de emergencias médicas donde cada hora puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.