La mujer asegura que pidió ayuda después de sufrir una primera agresión y de descubrir presunto veneno en los alimentos de su casa. El 28 de septiembre fue atacada con un machete. Ahora, su testimonio plantea interrogantes sobre la respuesta que recibió de las autoridades.
Marlen Tojuelo dice que hay algo que le resulta tan difícil de asimilar como la pérdida de su mano izquierda: Recordar que, antes del ataque que cambió su vida, buscó ayuda y advirtió que estaba en peligro.
En la vereda El Plátano, en el corregimiento de La Chaparrera, jurisdicción de Yopal, la mujer había dado trabajo durante cerca de dos meses a Miguel Alejandro Olivo Salcedo. Según su relato, después de ese periodo el hombre comenzó a hacerle insinuaciones sentimentales que ella rechazó reiteradamente.
Lo que inicialmente interpretó como una insistencia incómoda terminó, según su testimonio, en una escalada de agresiones que culminó el 28 de septiembre con un ataque armado con cuchillo y machete.
Marlen sobrevivió, pero perdió la mano izquierda al intentar protegerse de un golpe dirigido hacia su cuello. Su familia sostiene que la tragedia estuvo precedida por varias señales de peligro y cuestiona la respuesta que recibieron de las autoridades locales.
La historia que hoy cuenta no se limita a la agresión. También es el relato de una mujer que asegura haber buscado protección antes de que su vida estuviera en riesgo extremo.
Las primeras señales
Marlen recuerda que conoció a Miguel Alejandro cuando trabajó en su predio. La relación, según explicó, era cordial y nunca la entendió como una relación sentimental.
“Yo no estoy buscando a nadie. Además, pues que le caía muy bien porque soy una mujer trabajadora”, contó al recordar las conversaciones en las que le dejó claro que no tenía interés en establecer una relación con él.
La situación cambió cuando, según su versión, las insinuaciones se hicieron insistentes y el hombre comenzó a presentarse en su vivienda para buscarla.
El viernes 25 de septiembre, la situación escaló a una agresión física.
Marlen relató que el hombre la sujetó por un brazo e impidió que entrara a su casa. Durante el altercado, le lanzó una piedra que la golpeó en la frente. Después, según su testimonio, el hombre arrojó piedras contra la vivienda y destruyó un televisor.
La familia llamó a la Policía de La Chaparrera.
Marlen afirma que los uniformados acudieron inicialmente, pero se retiraron cuando el hombre se alejó del lugar. Más tarde, cuando volvió a llamar, asegura que los policías encontraron al señalado recogiendo piedras, pero no lo detuvieron.
“Dijeron que no podían hacer nada porque no tenían una orden”, recordó.
Según la mujer, los uniformados les recomendaron a ella y a su esposo que pasaran la noche en un hotel para evitar nuevos enfrentamientos. La pareja abandonó temporalmente su vivienda.
Al día siguiente, acudieron a la Fiscalía en Yopal para poner la denuncia. Marlen asegura que recibió un documento sin firma y que, cuando lo presentó ante los policías, le dijeron que no servía para actuar contra el señalado.
“Es un hombre peligroso. Por favor, ayúdennos en algo”, recordó haberles pedido.
De acuerdo con su testimonio, también solicitó que revisaran el predio para buscarlo, pero no obtuvo la respuesta que esperaba.
Estas afirmaciones constituyen señalamientos de la víctima sobre la actuación policial. La determinación de eventuales responsabilidades requiere establecer qué reportes se recibieron, qué procedimientos se adelantaron y cuáles eran las medidas legalmente disponibles en cada momento.
Una nueva alerta antes del ataque
El lunes 28 de septiembre, tres días después de la primera agresión, Marlen descubrió una situación que aumentó su temor.
Según relató, alguien había retirado una reja del baño privado de su habitación para ingresar a la vivienda. También encontró que le habían sustraído prendas íntimas y otros objetos personales.
Después, cuando se disponía a preparar la comida, detectó una sustancia que identificó como herbicida en el arroz y la sal.
La mujer explicó que en la finca tenían un producto para eliminar la maleza y que advirtió que parte de este había sido utilizado. Por esa razón, sospechó que alguien había contaminado los alimentos.
No se reportó en la entrevista un análisis de laboratorio que confirmara la sustancia ni sus características toxicológicas. Por ello, el episodio debe entenderse como una denuncia de presunta contaminación intencional de alimentos.
Marlen acudió nuevamente a las instituciones para pedir ayuda.
Según su versión, pasó de la Fiscalía a la Casa de la Justicia y después a la Inspección de Policía de La Chaparrera. La respuesta que recibió fue una citación para una conciliación, prevista para los primeros días de octubre.
La mujer sostiene que manifestó su preocupación por regresar a casa, pero le recomendaron que estuviera tranquila y que llamara si ocurría alguna otra situación.
Pocas horas después, según su relato, volvió a encontrarse con el hombre al que había señalado.
El ataque que le cambió la vida
Eran aproximadamente las 2:42 de la tarde del 28 de septiembre cuando Marlen regresó a su vivienda después de hacer unas diligencias.
La mujer contó que se dirigió a abrir la puerta para permitir el paso de unos animales cuando advirtió la presencia del hombre, quien, según su versión, estaba escondido detrás de un árbol de samán.
Él se acercó y la sujetó del brazo. Le dijo que se fuera con él y que no le haría daño, recordó Marlen. Ella se negó.
“Yo gritaba ‘auxilio’, pero no había nadie”, relató.
La mujer explicó que el hombre la empujó y la hizo caer al suelo. Durante el forcejeo, él la atacó inicialmente con un cuchillo, pero ella consiguió golpearle la mano y hacer que lo soltara.
Sin embargo, el hombre llevaba otra arma.
“No me di cuenta de que por la espalda tenía una macheta”, contó.
Según su testimonio, recibió dos heridas en la cabeza. Después, el hombre volvió a atacarla con el machete.
Marlen levantó instintivamente el brazo izquierdo para protegerse el cuello. El golpe le causó la amputación traumática de la mano y parte del brazo, además de graves lesiones en la cabeza.
Herida y sangrando, consiguió llegar hasta donde estaba su hermano Fernando, quien se encontraba a varias decenas de metros. Él la auxilió y le practicó un torniquete mientras buscaban ayuda.
La pérdida de la extremidad fue una de las consecuencias más graves del ataque. Pero, para Marlen, lo ocurrido después también quedó marcado por una pregunta que sigue repitiendo.
“Tráiganme la mano”
Cuando llegaron los uniformados, Marlen estaba herida y necesitaba atención médica urgente.
Según su testimonio, pidió insistentemente que recogieran la mano amputada y la llevaran al hospital, pues tenía la esperanza de que los médicos pudieran intentar una intervención para recuperarla.
Asegura que los policías no atendieron su solicitud y que la extremidad quedó en el lugar de la agresión, delimitada con cinta de acordonamiento.
“Yo les decía: ‘Por favor, tráiganme la mano para yo irme tranquila para el hospital’”, relató.
La mujer sostuvo que en el centro médico esperaron por la extremidad, pero esta nunca llegó.
No se dispone aquí de un informe médico o de una reconstrucción técnica que permita establecer si un reimplante habría sido viable o si el traslado de la mano habría cambiado el desenlace clínico. Sin embargo, la denuncia sobre lo sucedido con la extremidad es un aspecto concreto que merece ser aclarado por las autoridades.
Marlen también cuestionó el tiempo que tardó la Policía en llegar y la búsqueda del señalado después de la agresión. Según su versión, los uniformados recorrieron el sector mientras el hombre escapaba por los potreros, pero no consiguieron detenerlo.
La víctima describió ese procedimiento como un “simulacro” y dijo que sintió que los policías no estaban preparados para enfrentar la situación.
También afirmó que inicialmente los hechos fueron tratados como un problema de convivencia, a pesar de la gravedad de las heridas.
Establecer qué clasificación se consignó en los primeros registros, qué procedimientos se realizaron en el lugar y por qué no se trasladó la extremidad amputada requiere revisar los informes oficiales y escuchar la versión de la institución policial.
La familia decidió hacer pública la denuncia
Después de la agresión, el temor de la familia no terminó con la salida de Marlen hacia el hospital.
Sus hijos, que viven en Bogotá, aseguran que el señalado continuó siendo visto en el sector mientras ellos intentaban conseguir una respuesta institucional.
De acuerdo con el testimonio familiar, también se presentaron nuevos episodios de hostigamiento y daños en elementos de la vivienda. Los familiares afirman que comunicaron estas situaciones a la Policía, pero que no encontraron una solución.
Ante esa situación, decidieron difundir la fotografía del señalado en redes sociales y viajar a Bogotá para presentar la denuncia directamente ante las autoridades.
La familia considera que esa decisión ayudó a que el caso recibiera mayor atención.
“Fuimos nosotros los que hicimos viral a este tipo”, manifestó una de las hijas de Marlen durante la entrevista.
La mujer y sus familiares reconocen que posteriormente recibieron atención de funcionarios de la Fiscalía que participaron en el proceso. También mencionaron el acompañamiento de una persona que les ofreció apoyo psicológico y orientación jurídica.
Sin embargo, aseguran que la atención integral sigue siendo insuficiente frente a las consecuencias físicas y emocionales de la agresión.
Marlen necesita adaptarse a una vida sin su mano izquierda y enfrenta incertidumbre sobre las actividades laborales que podrá desarrollar en adelante.
En la entrevista, expresó que una prótesis sería fundamental para recuperar parte de su autonomía.
“La prótesis es algo vital para mí”, afirmó.
La captura y las preguntas pendientes
La investigación avanzó hasta la captura de Miguel Alejandro Olivo Salcedo, señalado por la agresión contra Marlen.
La Fiscalía le imputó el delito de feminicidio en grado de tentativa y, tras la audiencia ante un juez de control de garantías, se ordenó su reclusión en un centro carcelario mientras avanza el proceso. El procesado no aceptó el cargo.
Durante las diligencias, según la información expuesta por la familia, también conocieron registros judiciales relacionados con otros hechos.
La Fiscalía habría identificado ocho anotaciones en el Sistema Penal Oral Acusatorio (SPOA), relacionadas con investigaciones por diferentes delitos. Una anotación como indiciado, sin embargo, no equivale a una condena ni demuestra por sí sola la responsabilidad de una persona en esos hechos.
La familia también se refirió a una agresión ocurrida en Popayán, en la que otra mujer habría resultado herida y una menor de edad habría sido víctima de violencia sexual. Para incorporar detalles de ese episodio, sus resultados judiciales y la pena que habría recibido el señalado, es necesario consultar los expedientes o pronunciamientos oficiales correspondientes.
Marlen y sus hijos temen que el hombre pueda recuperar la libertad y vuelva a representar un peligro para la familia. Por eso, además de pedir que el proceso judicial avance, reclaman garantías de seguridad y acompañamiento institucional.
La familia también cuestiona la actuación de la Policía de La Chaparrera antes, durante y después del ataque. Sus señalamientos son graves y requieren una respuesta oficial que permita establecer qué ocurrió con las llamadas de auxilio, las denuncias previas, las solicitudes de protección y la atención prestada en el lugar de los hechos.
No basta con asumir que las fallas denunciadas existieron en los términos descritos por la víctima; tampoco sería responsable ignorarlas. Es necesario esclarecerlas.
Mientras tanto, Marlen intenta reconstruir su vida después de una agresión que le dejó secuelas físicas permanentes.
Al recordar lo ocurrido, vuelve sobre la misma idea: Si las mujeres denuncian una amenaza, necesitan que alguien las escuche y evalúe el riesgo antes de que sea demasiado tarde.
“Esto no ha debido haber pasado porque, si las autoridades me hubieran escuchado, me hubieran parado bolas a lo que yo vivía y me quejaba”, dijo.
Su testimonio deja una pregunta que no puede responderse únicamente con la captura del señalado: ¿Qué hicieron las instituciones con las alertas que Marlen asegura haber presentado antes del ataque y qué debe cambiar para que una situación similar no vuelva a repetirse?