Villavicencio. La escalada de atropellos contra las comunidades indígenas sigue en aumento, al denunciar la iglesia católica que se mueren de hambre en sus chozas por temor a los grupos armados ilegales.
Luego de los aterradores reportes de enfermedad y hambre a los niños aborígenes en Puerto Gaitán, el acoso de los políticos a las nómadas Nukak Makú, hoy monseñor Oscar Urbina, arzobispo de Villavicencio, reveló que “varias comunidades indígenas se están muriendo de hambre en el Meta porque no pueden salir de sus bohíos, debido a que muchos de sus territorios están minados y no pueden realizar la recolección de alimentos y dedicarse a la caza, su modo de supervivencia”.
Dijo que el problema afecta principalmente a los resguardos de Mapiripán.
"Dentro de las comunidades más afectadas están los Guayaberos y los Sikuani, quienes se están muriendo de hambre debido a que los paramilitares y guerrilleros han sembrado minas antipersona en los campos aledaños a sus resguardos. Todos los grupos están allí; los indígenas se mueren de hambre porque no se puede cazar”, puntualizó.