Entre árboles de cacao, familias campesinas y reconocimientos internacionales, este municipio araucano ha construido una identidad alrededor de uno de los productos más apreciados de la agricultura colombiana. Su historia también habla de tradición, transformación del campo y desafíos para llegar a nuevos mercados.
En Arauquita, el cacao no es solamente el fruto de un árbol ni la materia prima con la que se elabora el chocolate. Es parte de la historia de sus comunidades, del trabajo de generaciones de campesinos y de una economía que ha encontrado en la tierra una de sus principales fortalezas.
En las fincas, las mazorcas maduran bajo la sombra de los árboles. Después de la cosecha, los granos pasan por procesos de fermentación y secado que influyen directamente en su aroma y sabor. Es allí, en ese trabajo que comienza mucho antes de que el chocolate llegue a una tienda, donde se construye buena parte del reconocimiento que ha alcanzado el cacao araucano.
Por estos días, esa historia vuelve a ocupar un lugar destacado con las fiestas de Arauquita, que reúnen el IX Reinado Nacional del Cacao y la XIII versión del Salón del Chocolate. Dos escenarios que, más allá de la celebración, permiten mirar hacia el campo y reconocer la importancia de un producto que ha proyectado el nombre del municipio dentro y fuera de Colombia.
Una historia que creció entre el campo y la colonización
La historia de Arauquita se remonta al siglo XVII. De acuerdo con la reseña histórica publicada por la Gobernación de Arauca, la población fue fundada en 1675 con el nombre de San Lorenzo. Posteriormente, el asentamiento se trasladó y pasó por otras denominaciones hasta adoptar el nombre con el que hoy se conoce al municipio.
La agricultura ha formado parte de su desarrollo. La llegada de colonos, los asentamientos rurales y el aprovechamiento de las tierras contribuyeron a consolidar una economía vinculada al campo, en un territorio donde también han tenido protagonismo la ganadería y otros cultivos.
Sin embargo, no sería riguroso atribuir el nacimiento de la tradición cacaotera de Arauquita a una fecha exacta sin contar con registros históricos que permitan establecerlo. Lo que sí está documentado es la importancia que adquirió esta actividad en la economía rural y su consolidación como uno de los principales renglones productivos del municipio.
Una investigación publicada en la revista Cuadernos de Desarrollo Rural, de la Pontificia Universidad Javeriana, examinó la situación de los productores de cacao de Arauquita y los cambios que experimentaron frente a las transformaciones económicas del país. El estudio puso en evidencia la relevancia de la pequeña producción campesina y las dificultades que enfrentaban los agricultores para comercializar su producto en condiciones favorables.
La tradición, por tanto, no se explica únicamente por la presencia de árboles de cacao. También está ligada a las familias que aprendieron a cultivarlos, a los conocimientos transmitidos entre generaciones y a la organización de una actividad que ha debido adaptarse a las exigencias del mercado.
Arauquita, corazón de una economía cacaotera
El peso del cacao en la economía local se refleja en el volumen de producto que sale del municipio hacia los centros de comercialización y transformación del país.
En un reportaje publicado en septiembre de 2026, la Agencia de Desarrollo Rural señaló que Arauquita envía entre 400 y 500 toneladas de cacao al mes para abastecer los mercados nacionales. La cifra permite dimensionar el movimiento económico que genera el cultivo y la importancia de mantener activa la producción durante todo el año.
Detrás de ese volumen hay productores que deben atender cada etapa del proceso: preparar el terreno, cuidar los árboles, controlar las enfermedades, recoger las mazorcas y garantizar un beneficio adecuado del grano.
El cacao es un cultivo permanente. A diferencia de otros productos agrícolas que dependen de una única cosecha, requiere labores constantes de mantenimiento y manejo. Su rentabilidad está condicionada por factores como la edad de las plantaciones, el rendimiento por hectárea, las condiciones climáticas, la calidad del grano y los precios que recibe el agricultor.
La investigación académica también ha advertido sobre la necesidad de renovar cultivos envejecidos, mejorar las prácticas agrícolas y fortalecer la asistencia técnica. No basta con producir cacao: para competir en mercados especializados es necesario cuidar la calidad desde la finca.
En ese camino, la fermentación y el secado tienen un papel decisivo. Son procesos que ayudan a desarrollar las características sensoriales del grano y que pueden marcar la diferencia entre una materia prima convencional y un cacao apreciado por sus cualidades particulares.
Por eso, el trabajo del cacaocultor no termina cuando recoge la mazorca. Buena parte del valor del producto depende de lo que sucede después.
Del campo araucano a los escenarios internacionales
Uno de los capítulos más destacados de esta historia es el reconocimiento que ha recibido el cacao de Arauca en certámenes especializados.
En diciembre de 2024, la Gobernación de Arauca anunció que tres muestras del departamento habían sido seleccionadas para representar a Colombia en los International Cocoa Awards 2025, concurso internacional realizado en el marco del Salón del Chocolate de París.
Dos de las muestras correspondían a productores de Arauquita: José de Jesús Afanador y Kirsi Juley Chávez. La tercera era de Luis Antonio Albarracín, productor de Tame.
Las muestras fueron escogidas dentro de un proceso nacional en el que participaron 59 propuestas de distintas regiones productoras. La evaluación tuvo en cuenta las características de sabor y aroma del cacao, atributos fundamentales para diferenciar los granos en los mercados especializados.
La selección significó que el trabajo de productores araucanos entrara en una vitrina internacional en la que confluyen países productores, chocolateros, especialistas y compradores interesados en cacaos de calidad.
Pero el reconocimiento no surgió de un día para otro.
La Agencia de Desarrollo Rural también ha documentado la trayectoria de la finca Villa Gaby, ubicada en la vereda La Pica, en Arauquita. Según la entidad, esta unidad productiva ha figurado entre los 50 mejores productores del mundo en los International Cocoa Awards de 2021, 2022 y 2023, y obtuvo el primer puesto en 2010 y 2012 en la categoría de sabor dominante.
Estos antecedentes muestran que el cacao araucano ha logrado abrirse espacio en concursos internacionales que valoran la calidad sensorial y el trabajo de quienes cultivan el grano.
Conviene precisar que ser seleccionado para representar a Colombia no equivale necesariamente a ganar el concurso. Cada participación tiene su propio proceso de evaluación y sus resultados deben distinguirse de los reconocimientos obtenidos en ediciones anteriores.
Lo importante es que Arauquita ha conseguido poner el nombre de sus productores en conversaciones que trascienden las fronteras nacionales.
Arauca y su lugar en la producción colombiana
El protagonismo de Arauquita también debe entenderse dentro de una cadena productiva departamental.
En Arauca, el cultivo se concentra especialmente en Arauquita, Saravena, Tame y Fortul. Estos municipios reúnen una parte importante de las familias productoras y de las tierras destinadas a la actividad.
En 2021, la Gobernación de Arauca reportó alrededor de 18.000 hectáreas de cacao y una producción anual cercana a las 9.000 toneladas. Esas cifras corresponden a ese periodo y no deben confundirse con una medición actualizada de la producción departamental.
Más recientemente, el Instituto Colombiano Agropecuario destacó que el departamento cuenta con más de 6.400 familias productoras y que más de 20.000 personas dependen de esta actividad. La entidad también señaló que el 90 % de los predios cacaoteros está en manos de pequeños productores, con extensiones de entre tres y diez hectáreas.
El dato ayuda a comprender una dimensión que a veces queda por fuera de los concursos y las ferias: el cacao no es únicamente una oportunidad comercial, sino el sustento de miles de hogares rurales.
A ello se suma la participación de las mujeres en la actividad. Según el ICA, representan el 30 % de quienes cultivan cacao en el departamento. Su presencia es parte de una cadena que involucra labores agrícolas, selección del grano, transformación, comercialización y emprendimientos alrededor del chocolate.
En el ámbito nacional, Colombia registró en 2024 una producción de 67.678 toneladas de cacao, de acuerdo con cifras de la Federación Nacional de Cacaoteros citadas por entidades del sector. Ese resultado ubicó al país en uno de sus niveles de producción más altos.
Arauca forma parte de ese panorama como uno de los territorios relevantes para el cultivo. Su potencial no depende solamente de la cantidad de grano que pueda producir, sino de su capacidad para mantener la calidad, fortalecer las organizaciones campesinas y encontrar compradores que reconozcan el valor de sus características sensoriales.
La Orinoquía también tiene sabor a cacao
Cuando se habla de la Orinoquía colombiana, la imagen tradicional suele remitir a las extensas sabanas, la ganadería, los ríos y la cultura llanera. Sin embargo, la región también ha desarrollado una actividad cacaotera que merece atención.
Arauca es uno de sus territorios más reconocidos por la dimensión de su producción y por los antecedentes internacionales de sus productores. Pero el cultivo también tiene presencia en el Meta y Casanare, donde distintas comunidades rurales trabajan para mejorar sus rendimientos, fortalecer la comercialización y abrir espacios para la transformación del grano.
El Meta ofrece un ejemplo de ese crecimiento. En enero de 2026, la Gobernación reportó una producción departamental de 7.031 toneladas de cacao y destacó los avances de sus productores en calidad y reconocimiento internacional. En 2024, el municipio de Guamal fue escenario del primer Congreso de Cacao Embrujo Llanero, una iniciativa que reunió a productores, expertos y empresarios para explorar oportunidades comerciales.
En Casanare, el cacao también está presente en municipios como Aguazul, aunque con una participación que varía según las condiciones productivas de cada localidad. Las estadísticas agrícolas oficiales permiten identificar el cultivo en diferentes municipios del departamento.
La importancia de estos territorios no consiste en competir por quién produce más, sino en reconocer que la Orinoquía cuenta con condiciones y experiencias diversas para desarrollar una cadena que puede generar empleo rural, estimular pequeños emprendimientos y ampliar las alternativas económicas de las familias campesinas.
La región tiene, además, una oportunidad en los sistemas agroforestales, que combinan el cacao con otras especies vegetales. Investigaciones desarrolladas en Arauquita han estudiado cómo estos sistemas pueden contribuir a los medios de vida de las familias rurales y al aprovechamiento de la diversidad de árboles y arbustos asociados al cultivo.
Bien manejado, el cacao puede integrarse a modelos de producción que no dependan exclusivamente de la expansión de la frontera agrícola, sino que procuren aprovechar mejor las áreas existentes y conservar las especies que acompañan el cultivo.
El reto de que el reconocimiento se traduzca en bienestar
Los premios y las selecciones internacionales son importantes, pero no resuelven por sí solos los desafíos de los productores.
Uno de los principales retos es conseguir que la calidad se refleje en mejores condiciones de comercialización. Para ello se necesitan organizaciones campesinas sólidas, asistencia técnica, renovación de plantaciones, infraestructura para la fermentación y el secado, acceso a financiación y relaciones comerciales que reconozcan las características del producto.
También resulta fundamental avanzar en la transformación local. Cuando una región vende únicamente materia prima, buena parte de los procesos industriales y del valor agregado se desarrolla en otros lugares. La elaboración de chocolate, los productos derivados del cacao, el turismo rural y las experiencias gastronómicas pueden abrir oportunidades adicionales, siempre que existan condiciones técnicas, empresariales y comerciales para sostenerlas.
El desafío es especialmente importante para los pequeños productores, que suelen tener menor capacidad para soportar las variaciones de precios, los costos de los insumos y los problemas sanitarios de sus cultivos.
La calidad internacional debe ir acompañada de mejores ingresos y condiciones de vida para quienes hacen posible el producto. De lo contrario, el reconocimiento corre el riesgo de quedarse en una distinción simbólica, mientras las dificultades del campo continúan sin resolverse.
Una identidad que también se celebra
El Reinado Nacional del Cacao y el Salón del Chocolate forman parte de una celebración que reúne cultura, tradición y actividad productiva. En ellos, el fruto que crece en las fincas se convierte en protagonista de encuentros, muestras, preparaciones y experiencias que acercan a los visitantes a la historia de los cacaocultores.
Pero el verdadero significado de estas festividades está más allá de los escenarios y las coronas.
Está en las familias que mantienen sus cultivos, en los conocimientos que pasan de una generación a otra, en las asociaciones que buscan mejores oportunidades para sus integrantes y en los productores cuyos granos han llegado a concursos internacionales.
También está en la posibilidad de que los niños y jóvenes encuentren en el campo una actividad con futuro, que las mujeres rurales tengan mayor participación en los negocios asociados al cacao y que el municipio fortalezca una economía capaz de generar bienestar sin perder su identidad.
Arauquita tiene motivos para celebrar. Su cacao ha logrado reconocimiento fuera de Colombia y forma parte de una cadena que sostiene a miles de personas en el departamento. Sin embargo, la historia sigue escribiéndose en cada finca, en cada cosecha y en cada decisión que permita mejorar la producción y el ingreso de los agricultores.
Porque antes de convertirse en una barra de chocolate, un producto de exportación o una muestra presentada en París, el cacao es el resultado del trabajo de quienes conocen la tierra y han hecho de su cultivo una forma de vida.
Y es allí, en las manos de los cacaocultores de Arauquita, donde comienza la historia que hoy el municipio comparte con Colombia y con el mundo.