Leyendas llaneras


El Tuy Duendecillo

Es un personaje legendario rescatado por la escritora araucana Silvia Aponte.

Me contaba mi taita, que en las casas solariegas de antaño se aparecía un muchachito de pantalones cortos, con el sombrero cubriéndole casi por completo el rostro, cabalgando sobre un marrano y seguido por un perrito. Así Io vio pasar varias veces por el patio de la casa, cuando él era muy pequeño, de eso hace ya muchos años; pues este duendecillo era visto únicamente por los niños. En esa época contaba apenas con ocho años, recuerda que le gritaba a su papa, o sea a mi abuelo - mire papá ahí va un muchachito trepao en un marrano y Io sigue un perrito.

Pero mi abuelo no lo podía ver, sin embargo si escuchaba el Tuy, que clarito parecía decir con su silbido característico, ituy, tuy, tuy!

Como el abuelo era viejo conocedor de los misterios del llano, le contó a mi taita que el tuy silbaba para llamar a su perrito que no se le quedaba en ninguna parte, el animalito Io seguía todo el tiempo. Mi abuelo le contó a mi taita todo cuanto sabía acerca de ese duendecillo: — En mis tiempos de muchacho fueron muchas las veces que Io vi, mi taita me llamaba al filo de la medianoche, porque los marranos se alborotaban en los chiqueros como si los estuvieran matando — ¡hijo, hijo! me llamaba - tráigame el mandador y la linterna y corra porque el tuy le esta dando palo a los cochinos, corríamos los dos a la cochera y mi papa comenzaba a repartir latigazos a diestra y siniestra, mientras gritaba — maldito tuy coge tu marrano y deja en paz a los míos.

de inmediato se calmaban los animales, ya de regreso a la cama mi viejo me explicaba, - es que a ese duendecillo a veces se le escapa el marrano que le sirve de caballo y entonces se enfurece cuando no lo encuentra rápido y comienza a darle palo a las marraneras que encuentra a su paso, para que salga el suyo, por eso hay que echarle látigo, así el bicho ese sale como alma que lleva el diablo, y el tuy de una vez se le monta y le pica con las espuelas, mientras silba, tuy, tuy, tuy, llamando al perrito que Io acompaña siempre.

Fue así como al bisabuelo también le contó su padre, o sea mi tatarabuelo, en una de aquellas tantas noches en que el duendecillo llegaba a molestar los marranos buscando el suyo, que el tuy cargaba en su mano derecha un bastoncito de oro, que lo hacía invisible mientras Io llevara empuñado, pero si lo soltaba, inmediatamente se volvía visible ante los ojos de los humanos. Algunos viejos casanareños le dijeron que sólo había una forma para que el tuy soltara el bastón, y eso sucedía cuando encontraba un fogón con ceniza de yarumo. Suelta el bastoncito, para comer con ambas manos.

Si alguien llega a apoderarse del bastón, el Tuy le da cuanto le pida, pues no puede seguir existiendo sin su varita mágica, pero si el arriesgado no logra hacerse del báculo mágico, téngase, porque la garrotera que le da es para dejarlo en cama varios días.


Tomado del libro: 
De la tradición y el mito a la literatura llanera. Tercera edición: corregida y ampliada
Autor: Temis Perea Pedroza.