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María Villareal, matrona de la Esmeralda, falleció este martes en el municipio de Saravena.
Arauca

Se apagaron las luciérnagas de Mayo

María Villareal, conocida como Mayo Villareal, falleció la tarde del martes 20 de octubre en Saravena, a los 89 años. Enfermera profesional, partera, líder social, comerciante y ganadera, dedicó más de seis décadas de su vida al servicio de la comunidad de La Esmeralda, centro poblado del municipio de Arauquita, donde dejó una huella que permanece en la memoria de sus habitantes.

Mayo había regresado hacía cerca de una semana de Bucaramanga, ciudad en la que recibió atención médica. En junio fue sometida a una intervención quirúrgica en la que le amputaron la pierna derecha.

La mañana del martes manifestó a sus familiares que no se sentía bien y les pidió que la llevaran al médico. Fue trasladada al hospital de Saravena, donde falleció poco después de su ingreso, al parecer, por un paro cardíaco.

De Sucre a las tierras de Arauca

Oriunda de Majagual, Sucre, María Villareal llegó al departamento de Arauca hace más de 60 años, acompañada de sus dos primeros hijos. Su destino fue La Esmeralda, que por entonces era un pequeño caserío habitado por colonos procedentes de diferentes regiones de Colombia.

En ese territorio construyó su vida y puso sus conocimientos al servicio de los demás. Sus conocimientos y experiencia en la Medicina, aunado a su vocación de servicio la llevaron a desempeñarse como enfermera profesional y partera, en una época en la que acceder a servicios de salud representaba una dificultad para muchas familias rurales.

Su casa se convirtió con el tiempo en la Droguería Mayo, que sirvió como puesto de atención comunitaria. Allí suministraba medicamentos, atendía partos y suturaba heridas, incluso las ocasionadas en riñas que se presentaban en el poblado. Para muchos habitantes, doña Mayo era la persona a quien podían acudir cuando necesitaban atención o ayuda.

Su compromiso con el desarrollo de la región también se extendió al sector ganadero. Fue fundadora del Comité de Ganaderos de La Esmeralda y donó los terrenos donde posteriormente se construyó el Hospital San Ricardo Pampuri, una contribución que sigue presente en la historia de la comunidad.

También les enseñaba a las mujeres de la zona los oficios que conocía, para ayudarlas a sacar adelante a sus familias. Desde la costura, pasando por la cocina criolla, la panadería y repostería y agricultura, fomentaba el emprendimiento y el empoderamiento femenino en una época en la que esos términos no se conocían.

Una historia marcada por la violencia

La vida de Mayo Villareal también estuvo atravesada por la violencia política que golpeó a Colombia. En 1984, cuando era integrante de la Unión Patriótica, sufrió un atentado en el que murió su esposo y ella resultó gravemente herida.

Este episodio marcó su historia personal y forma parte de la memoria de una región que durante décadas ha sufrido los efectos del conflicto armado.

Su historia inspiró al cineasta Mauricio Lezama para realizar el cortometraje Las luciérnagas vuelan en Mayo, una obra que no se llevó su experiencia a la pantalla por el asesinato de Lezama en el mismo poblado y no sirvió para preservar el recuerdo de una mujer cuya vida estuvo ligada a las dificultades, las pérdidas y la solidaridad en los territorios rurales.

El legado de Mayo permanecerá en La Esmeralda

La muerte de María Villareal representa la partida de una mujer que acompañó a varias generaciones de habitantes de La Esmeralda. Su legado no se limita a la donación de los terrenos para el hospital ni a su trabajo en la salud y la ganadería. También permanece en las historias de quienes recibieron su ayuda y encontraron en su casa una puerta abierta en momentos de necesidad.

Sus restos serán trasladados a Bucaramanga, ciudad donde reside gran parte de su familia y donde tendrá lugar su destino final.

En La Esmeralda quedará el recuerdo de aquella mujer que llegó a un pequeño caserío con sus dos primeros hijos y terminó convirtiéndose en parte fundamental de su historia. Con su partida, se apagan las luciérnagas de Mayo, pero permanece la huella de una vida dedicada a los demás.

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