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De Siberia a la Orinoquia: ¿qué tan presente está la peste que aún sobrevive en la naturaleza?
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Yersinia pestis, la bacteria de la peste que todavía circula y qué se sabe de Colombia

La muerte de una trabajadora de un instituto especializado en peste en Siberia generó una alerta internacional. En Colombia, el Instituto Nacional de Salud mantiene la peste bubónica y neumónica dentro de los eventos sujetos a vigilancia, aunque no se han confirmado casos en el país.

La muerte de una trabajadora de un centro de investigación sobre la peste en la región rusa de Irkutsk puso nuevamente en el radar internacional a una enfermedad que, aunque asociada históricamente con la Peste Negra, todavía existe en distintos lugares del mundo.

La preocupación surgió después de que la mujer, identificada por medios internacionales como Darya Shipilova, de 28 años, falleciera tras presentar una neumonía de origen aún no establecido. La trabajadora estaba vinculada al Instituto Antipeste de Siberia y el Lejano Oriente.

En los primeros días circularon versiones sobre una posible exposición accidental a Yersinia pestis, la bacteria causante de la peste. Sin embargo, las autoridades rusas no han confirmado que la mujer haya muerto por peste ni que haya ocurrido un accidente de laboratorio.

La Organización Mundial de la Salud informó este martes que Rusia comunicó que no se han confirmado casos de peste en Irkutsk y que las personas que estuvieron en contacto con la fallecida dieron negativo para patógenos infecciosos peligrosos. La OMS mantiene, por ahora, una valoración de bajo riesgo para la población general.

El episodio, sin embargo, vuelve a plantear una pregunta para otros países: ¿qué tan posible sería que una enfermedad como la peste apareciera en Colombia y, particularmente, en una región con una amplia presencia de fauna silvestre como la Orinoquia?

Una bacteria que todavía circula

La peste es causada por Yersinia pestis, una bacteria zoonótica que normalmente permanece en ciclos naturales entre pequeños mamíferos y las pulgas que los parasitan.

De acuerdo con la OMS, las personas pueden infectarse principalmente por la picadura de una pulga infectada, por contacto sin protección con tejidos o fluidos contaminados y, en el caso de la peste neumónica, por la inhalación de partículas respiratorias provenientes de una persona enferma.

La forma más común es la peste bubónica, que provoca inflamación dolorosa de los ganglios linfáticos. También existe la forma septicémica, cuando la bacteria invade la sangre, y la peste neumónica, que afecta los pulmones y es la que tiene mayor capacidad de transmisión entre personas.

La enfermedad puede ser extremadamente grave si no se trata. La OMS señala que la peste neumónica puede ser mortal rápidamente cuando no recibe tratamiento, pero también que los antibióticos son eficaces cuando el diagnóstico y la atención se realizan de manera oportuna.

¿Y qué ocurre en Colombia?

Aquí aparece uno de los datos más importantes para dimensionar el riesgo.

La peste bubónica y neumónica hace parte de los eventos incluidos en la vigilancia epidemiológica del Instituto Nacional de Salud (INS), bajo el código 630. El sistema SIVIGILA permite detectar patrones epidemiológicos y situaciones inusuales para apoyar la evaluación del riesgo y la respuesta de las autoridades sanitarias.

Los documentos del INS consultados muestran que Colombia no ha confirmado casos de peste humana.

El informe de eventos de baja frecuencia del INS correspondiente a 2024 señala que durante ese año hubo notificaciones relacionadas con el evento, pero no se presentaron casos confirmados de peste. Los registros fueron descartados o correspondieron a errores de notificación.

La vigilancia tampoco se ha limitado al pasado. En sus boletines epidemiológicos de 2026, el INS continúa incluyendo la peste bubónica/neumónica entre los eventos sometidos a monitoreo nacional. En la semana epidemiológica 12, por ejemplo, informó que no se habían notificado casos ni alertas de peste en el país.

¿Existe Yersinia pestis en la Orinoquia?

Con la información científica y sanitaria disponible públicamente no encontramos evidencia que permita afirmar que exista actualmente un foco de Yersinia pestis en Arauca, Casanare, Meta o Vichada.

Ese punto es fundamental.

La existencia de roedores, pulgas y una abundante fauna silvestre en la Orinoquia no significa automáticamente que exista peste. Para que se establezca un foco natural tendrían que coincidir la bacteria, un reservorio animal capaz de mantenerla y un vector que participe en su transmisión.

Precisamente por eso la OMS señala que la vigilancia de la peste requiere estudiar las especies animales y las pulgas que intervienen en el ciclo de la enfermedad en cada región.

En otras palabras, no basta con encontrar roedores muertos para sospechar de peste. Se requiere investigación epidemiológica y confirmación de laboratorio.

Un antecedente histórico que no debe confundirse con la situación actual

La peste tampoco es completamente ajena a la historia sanitaria colombiana.

Una revisión publicada en la revista Biomédica, del Instituto Nacional de Salud, documentó la discusión histórica sobre posibles episodios de peste en la Costa Atlántica colombiana a comienzos del siglo XX. Sin embargo, el protocolo de vigilancia del INS ha señalado que Colombia no ha notificado casos confirmados de peste humana.

Por eso, hablar de una eventual amenaza para la Orinoquia requiere diferenciar entre antecedentes históricos, presencia de fauna silvestre y evidencia epidemiológica actual.

¿Qué tendría que ocurrir para que existiera un riesgo?

El escenario más preocupante sería la identificación de un foco natural de Yersinia pestis en animales.

El ciclo podría comenzar con un pequeño mamífero infectado. Las pulgas que lo parasitan podrían adquirir la bacteria y posteriormente transmitirla a otro animal o, eventualmente, a una persona.

La situación cambiaría si una persona desarrollara peste neumónica. En ese caso, las partículas respiratorias podrían transmitir la infección a otras personas, por lo que sería necesario identificar rápidamente los contactos y aplicar medidas de control.

Pero ese escenario requiere primero que exista la bacteria en el ecosistema.

Hasta ahora no hay evidencia pública de que ese ciclo esté ocurriendo en la Orinoquia colombiana.

Rusia no es un escenario comparable con la Orinoquia

El caso de Siberia también permite entender por qué no sería correcto trasladar automáticamente la alarma rusa a Colombia.

En Rusia existe un foco natural conocido de peste asociado con fauna silvestre, especialmente en algunas regiones donde la bacteria circula entre pequeños mamíferos y sus pulgas. El instituto donde trabajaba la mujer fallecida, precisamente, está dedicado al estudio y control de este tipo de enfermedades.

En Colombia, en cambio, el INS mantiene la enfermedad bajo vigilancia precisamente para detectar oportunamente una eventual aparición, pero no existe actualmente un brote confirmado de peste humana.

Además, la OMS recuerda que actualmente la peste es una enfermedad tratable con antibióticos y que la vigilancia de los focos animales permite reducir el riesgo de transmisión humana.

Una alerta que también habla de la importancia de vigilar la fauna

Más que anunciar una amenaza de peste para Arauca, Casanare, Meta o Vichada, el caso ruso deja otra lección para la Orinoquia: la vigilancia de las enfermedades que circulan entre la fauna silvestre también es una herramienta de prevención para la salud humana.

La región tiene una enorme interacción entre ecosistemas naturales, animales silvestres, actividades ganaderas, comunidades rurales y poblaciones humanas. Por eso, la detección de mortalidades inusuales en pequeños mamíferos, cambios en poblaciones de vectores o enfermedades desconocidas debe ser investigada por las autoridades ambientales y sanitarias.

Por ahora, sin embargo, no hay elementos que permitan afirmar que la peste esté circulando en la Orinoquia ni que exista una amenaza de epidemia para la población.

El caso de Rusia recuerda que Yersinia pestis no desapareció con la Edad Media. La bacteria continúa presente en algunos ecosistemas del planeta. Pero también demuestra la importancia de la vigilancia epidemiológica, el diagnóstico de laboratorio y la respuesta rápida ante cualquier sospecha.

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