El Diario de la Independencia reconstruye, día por día, los acontecimientos de la Campaña Libertadora de 1819 a partir de documentos históricos, memorias de protagonistas e investigaciones académicas. La narración utiliza recursos propios de la crónica periodística para acercar al lector a los hechos, pero no inventa diálogos ni atribuye pensamientos como si fueran hechos históricos. Cuando existen diferencias entre las fuentes, estas se señalan expresamente.
Tibasosa, Provincia de Tunja.
28 de julio de 1819.
Tres días han pasado desde la Batalla del Pantano de Vargas.
El estruendo de los fusiles y el galope desesperado de los caballos han quedado atrás, pero la guerra sigue respirando en cada rincón de la provincia. Los caminos permanecen llenos de soldados heridos que buscan refugio en pueblos vecinos. Las iglesias, conventos y casas de familia se han convertido en improvisados hospitales de campaña, donde médicos, religiosos y campesinos intentan salvar vidas con los pocos recursos disponibles.
El campo de batalla guarda todavía las huellas del combate. Caballos sin jinete, lanzas rotas, uniformes abandonados y el recuerdo de cientos de hombres que hace apenas tres días luchaban por el control del camino hacia Santafé.
El Ejército Libertador continúa reorganizándose.
Los oficiales revisan las bajas, distribuyen las municiones que aún quedan, buscan reemplazar caballos perdidos y procuran alimentar a una tropa agotada después del cruce del páramo de Pisba y de uno de los combates más duros de toda la campaña.
No hay celebraciones.
Porque los mandos patriotas saben que el coronel español José María Barreiro conserva un ejército disciplinado y que la guerra está lejos de decidirse.
Al otro lado ocurre algo parecido.
Las tropas realistas también atienden a sus heridos, reorganizan compañías y preparan una nueva marcha. Aunque no lograron destruir al Ejército Libertador, tampoco han sido derrotadas. Para Barreiro, todavía existe la posibilidad de impedir que Bolívar llegue a Santafé y salve la campaña.
Mientras ambos ejércitos curan sus heridas, una noticia recorre lentamente los campamentos patriotas.
El sargento Inocencio Chincá ha muerto.
Tenía apenas 21 años.
Había sido uno de los lanceros que, el 25 de julio, participaron en la carga que cambió el destino de la Batalla del Pantano de Vargas.
La tradición histórica cuenta que, durante el combate, sostuvo un feroz duelo a caballo con el capitán español Ramón Bedoya. Gravemente herido por una lanza, Chincá logró arrancársela del cuerpo y, con ella, atravesó a su adversario, derribándolo del caballo antes de caer también gravemente herido.
Tras la batalla fue trasladado a Tibasosa.
Los esfuerzos por salvarle la vida fueron inútiles.
Hoy, 28 de julio de 1819, Colombia pierde a uno de los hombres cuyo valor ayudó a evitar la derrota del Ejército Libertador.
Su nombre permanecería durante generaciones en la memoria militar del país y, años después, sería escogido para identificar la Escuela Militar de Suboficiales del Ejército Nacional como homenaje permanente a su sacrificio. También nombraron en su honor Instituciones educativas públicas y de carácter militar, en todo el país, donde se inculca los valores, principios y disciplina de este prócer de gran valentía.
Mientras tanto, en Santafé, el virrey Juan de Sámano continúa gobernando en medio de una creciente incertidumbre. Las noticias llegan con lentitud y fragmentadas. Nadie conoce todavía con exactitud el desenlace de los últimos combates librados en Boyacá.
La independencia de la Nueva Granada sigue pendiendo de un hilo.
La campaña continúa.
El protagonista del día
Inocencio Chincá
La tradición oficial del Ejército Nacional identifica a Inocencio Chincá como un joven indígena guahibo (hoy pueblo sikuani), nacido en los Llanos. Sin embargo, algunos investigadores han planteado que pudo pertenecer al pueblo Betoy o tener ascendencia mestiza, debido a la escasez de documentos contemporáneos que permitan establecer con certeza su origen étnico.
Lo que sí está ampliamente reconocido es su participación en la Batalla del Pantano de Vargas y el heroísmo demostrado durante la carga de los lanceros, acciones que lo convirtieron en uno de los símbolos de la Campaña Libertadora.
¿Sabía que...?
Aunque suele recordarse como una gran victoria patriota, la Batalla del Pantano de Vargas no puso fin a la campaña. Tras el combate, ambos ejércitos conservaron capacidad de luchar y comenzaron una carrera estratégica hacia Santafé, donde se decidiría el futuro del Virreinato de la Nueva Granada.
Cómo se construyó esta historia.
Academia Colombiana de Historia. Boletín de Historia y Antigüedades. Diversos números dedicados a la Campaña Libertadora de 1819.
Bushnell, David. El Régimen de Santander en la Gran Colombia. Bogotá: El Áncora Editores.
Lynch, John. Simón Bolívar: A Life. Yale University Press, 2006. (Edición en español: Simón Bolívar, Editorial Crítica).
Martínez Garnica, Armando. La Campaña Libertadora de 1819. Bucaramanga: Universidad Industrial de Santander.
Ejército Nacional de Colombia. Historia de la Escuela Militar de Suboficiales Sargento Inocencio Chincá. Publicaciones institucionales.
Biblioteca Virtual del Banco de la República. Documentos sobre la Campaña Libertadora de 1819.
Academia de Historia de Boyacá. Estudios sobre la Batalla del Pantano de Vargas.
De Plaza, José Antonio. Memorias para la Historia de la Nueva Granada. Obra clásica del siglo XIX.
Restrepo, José Manuel. Historia de la Revolución de la República de Colombia. Edición crítica.
O'Leary, Daniel Florencio. Memorias del General O'Leary. Tomos referentes a la Campaña Libertadora de 1819.
Mañana en el Diario de la Independencia...
29 de julio de 1819
Mientras los patriotas lloran a sus muertos y los realistas reorganizan sus filas, comienza una silenciosa carrera hacia Santafé. Bolívar y Barreiro marchan con un mismo objetivo: llegar primero al corazón del virreinato. Ninguno imagina que, en apenas diez días, el destino de la Nueva Granada cambiará para siempre…