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Cultura

Arauca debate su futuro cultural: ¿Qué pueden aprender los Llanos de sus propios modelos?

La Asamblea Departamental estudia la nueva Política Pública de Cultura 2026-2035. Mientras Arauca busca definir su hoja de ruta para los próximos diez años, una revisión de las políticas e instrumentos vigentes en Meta, Casanare y Vichada muestra diferentes avances, pero también una dificultad común: pasar de financiar actividades culturales a construir condiciones para que los artistas y cultores puedan sostener sus oficios.

El futuro de la cultura araucana está siendo discutido en la Asamblea Departamental.

El Proyecto de Ordenanza que busca adoptar la nueva Política Pública de Cultura 2026-2035 contempla 40 acciones estratégicas y llega al escenario político después de un proceso que incluyó diagnóstico, mesas participativas y trabajo con los actores culturales de los siete municipios.

La formulación de la política fue concebida precisamente como un ejercicio de largo plazo. El documento técnico contratado por la Gobernación contempló la construcción de un diagnóstico del sector, consultas participativas en los siete municipios, definición de ejes estratégicos, líneas de acción, indicadores y mecanismos de seguimiento y evaluación.

En noviembre de 2025, además, la Gobernación convocó a artistas, gestores, portadores de tradición, colectivos e instituciones a participar en las jornadas municipales de construcción de la política.

Ahora el documento llega a la Asamblea.

Y ese trámite plantea una pregunta que va mucho más allá de aprobar o no una ordenanza:

¿Qué debe hacer una política cultural para que la cultura no se limite a ser enseñada, celebrada y preservada, sino que también pueda convertirse en una forma sostenible de vida para quienes la crean y la mantienen?

Para buscar parte de la respuesta, Llanera.com revisó los instrumentos de planeación y los programas culturales de Arauca, Meta, Casanare y Vichada, y los contrastó con el Plan Nacional de Cultura 2024-2038.

El resultado muestra que no existe un único modelo exitoso.

Cada departamento ha construido herramientas diferentes.

Y todos tienen algo que Arauca puede aprender.

Arauca: El reto es que la formación no termine cuando acaba el curso

Arauca no puede decir que carece de inversión cultural.

En 2025, la Gobernación reportó recursos para formación artística, música y procesos sinfónicos, bibliotecas, patrimonio y protección social de cultores. Entre 2024 y 2025, además, reportó un recaudo superior a $8.000 millones por concepto de estampilla Procultura.

En materia de formación, incluso existen procesos de duración superior a los tres meses que suelen mencionarse en las críticas del sector. La Casa de la Cultura desarrolló en 2025 un ciclo de seis meses con 32 instructores en los siete municipios, mientras otro programa dirigido a niños, niñas, adolescentes y jóvenes contempló siete meses de formación en joropo, danza, técnica vocal e instrumentos tradicionales.

Esto obliga a hacer una precisión.

El problema no es simplemente la duración de un curso.

El problema es qué ocurre después.

Los gestores culturales consultados para este análisis señalan como una de sus principales preocupaciones la falta de continuidad de los procesos, las dificultades para profesionalizarse y la necesidad de que los recursos lleguen de manera más efectiva a quienes mantienen vivos los saberes y oficios culturales.

La propia Gobernación identificó en 2025 la profesionalización de los cultores, la formación artística rural, el fortalecimiento de las casas de cultura, la dotación de instrumentos y la conservación del patrimonio como necesidades para los proyectos siguientes.

Es decir, una de las principales preocupaciones del sector también aparece reconocida por la institucionalidad.

La oportunidad de la nueva política

Arauca tiene ahora una ventaja que sus vecinos no tuvieron recientemente: puede diseñar una política con horizonte de diez años y hacerlo después de un proceso participativo.

La pregunta es si esa política tendrá indicadores capaces de medir trayectorias culturales y no solamente actividades.

No basta con saber cuántas personas fueron capacitadas.

Sería más revelador saber cuántas continuaron su formación, cuántas accedieron a educación superior, cuántas recibieron estímulos para crear, cuántas lograron circular fuera del departamento y cuántas consiguieron generar ingresos a partir de sus conocimientos.

Ese debería ser uno de los principales desafíos de la Política Pública de Cultura 2026-2035.

Meta: Más institucionalidad, profesionalización y economía cultural

El Meta parte de una estructura institucional más desarrollada.

Tiene una política pública de cultura vigente, un Instituto Departamental de Cultura y un sistema que permite identificar a sus actores culturales. Su diagnóstico registró 2.151 artistas, gestores y actores culturales, con una fuerte concentración en Villavicencio.

Esa información es una fortaleza.

Pero también revela un problema: si la mayoría de los actores registrados está concentrada en la capital, la política departamental tiene el desafío de evitar que la capacidad de acceder a estímulos y oportunidades dependa de dónde está ubicado el creador o de qué tan fácil le resulta formular un proyecto.

El Meta también ha intentado avanzar hacia un punto que resulta especialmente interesante para Arauca: la profesionalización.

La estrategia Meta Educa y Reconoce busca que artistas, gestores y agentes culturales puedan acceder a educación universitaria en áreas relacionadas con arte y cultura, con financiación durante varios períodos académicos.

Eso representa un salto conceptual frente a una política limitada a talleres.

Pero el Meta también demuestra que tener una herramienta no garantiza que funcione automáticamente.

Su informe de gestión de 2025 registra buenos resultados en algunos programas de estímulos, mientras otras metas relacionadas con el acceso de actores culturales a educación formal no alcanzaron los resultados previstos.

La lección es importante: La política pública debe evaluarse por lo que ejecuta, no solamente por los programas que anuncia.

Lo mejor del modelo del Meta

Profesionalización, información sobre los actores culturales, estímulos, circulación y una apuesta creciente por emprendimientos y economías culturales.

Lo pendiente

Mejorar la ejecución de las metas y garantizar que las oportunidades lleguen más allá de los municipios con mayor capacidad institucional.

Para Arauca, el aprendizaje es claro: una buena política necesita instrumentos concretos, pero también indicadores que permitan saber cuáles están funcionando.

Casanare: Estímulos y circulación, pero el desafío es sostener

Casanare presenta otra experiencia interesante.

Su Plan de Desarrollo 2024-2027 establece metas concretas para el sector cultural: estímulos, cursos de casas de cultura y escuelas de formación, participación, dotación de centros musicales, circulación y contenidos culturales.

El programa de estímulos de 2025 recibió 200 propuestas, de las cuales 193 fueron habilitadas para una convocatoria que entregó 103 estímulos.

Eso demuestra que existe una demanda importante por parte del sector.

La convocatoria incluyó música llanera, danza, artes visuales, artesanías, bibliotecas, lectura, escritura y otras áreas.

Es una fortaleza porque el Estado no está solamente organizando eventos: está creando mecanismos mediante los cuales los propios artistas pueden presentar proyectos y competir por financiación.

Pero también aparece la pregunta siguiente: ¿Qué ocurre después de recibir el estímulo?

Un recurso puede financiar una producción, una presentación o una obra.

Pero la sostenibilidad requiere algo más: Mercados, circulación, formación empresarial, redes, profesionalización y nuevas oportunidades.

Casanare tiene una estructura de estímulos que Arauca puede mirar como referencia, pero el desafío común es conseguir que el estímulo sea una puerta y no el final del proceso.

Vichada: Preservar la cultura mientras se construye institucionalidad

Vichada enfrenta condiciones completamente diferentes.

Su población, dispersión territorial, composición étnica y capacidad institucional hacen que no pueda ser comparado mecánicamente con Meta.

Pero precisamente por eso su experiencia es importante.

El Plan de Desarrollo 2024-2027 evidencia necesidades relacionadas con patrimonio, infraestructura cultural, dotación e información del sector.

Y el análisis del Ministerio de Cultura sobre la articulación de los planes territoriales con el Plan Nacional muestra una concentración muy marcada de las metas culturales de Vichada en memoria y creación, mientras la dimensión de gobernanza y sostenibilidad tiene una participación mucho menor.

En 2026, además, Puerto Carreño abrió un censo de artistas, artesanos y gestores culturales para mejorar la identificación del sector y avanzar en mejores oportunidades y políticas públicas.

En Vichada, por tanto, el desafío parece estar un paso antes.

No se trata solamente de cómo financiar al artista.

Se trata también de construir la institucionalidad, la información y las capacidades necesarias para saber quiénes son esos artistas, dónde están, qué necesitan y cómo puede llegarles la política pública.

Lo que Arauca puede aprender

Que una política cultural no empieza necesariamente por repartir estímulos.

También necesita información, participación, infraestructura, patrimonio y capacidad institucional.

El espejo nacional

Los cuatro departamentos tienen un punto de referencia común: el Plan Nacional de Cultura 2024-2038.

El documento nacional está organizado en tres grandes campos: Diversidad y diálogo intercultural; Memoria y creación cultural; y Gobernanza y sostenibilidad cultural. Su propósito es orientar durante 15 años las políticas públicas para garantizar los derechos culturales.

Y aquí aparece el principal desafío para los planes territoriales.

Durante años, buena parte de la política cultural se ha medido con indicadores como número de eventos, asistentes, talleres o personas capacitadas.

Son indicadores necesarios. Pero insuficientes.

El Plan Nacional de Cultura incorpora una mirada más amplia: participación, gobernanza, condiciones para los agentes culturales, sostenibilidad económica, circulación, memoria, creación y diversidad.

Eso obliga a cambiar la pregunta.

No solamente: ¿Cuántos niños aprendieron a tocar cuatro?

Sino: ¿Qué posibilidades tiene ese niño de continuar?

No solamente: ¿Cuántos artistas recibieron un estímulo?

Sino: ¿Qué ocurrió con ellos después?

No solamente: ¿Cuántos festivales realizó el departamento?

Sino: ¿Cuántos artistas pudieron vivir de su participación en ellos y cuántas nuevas oportunidades se generaron?

Cuatro departamentos, cuatro lecciones

Arauca tiene la oportunidad de construir una política de diez años desde una realidad que ya conoce: formación, patrimonio, estímulos y una fuerte identidad cultural. Su gran desafío es conectar esos componentes y garantizar continuidad, profesionalización y sostenibilidad.

Meta tiene el modelo institucional más desarrollado de los cuatro, con instrumentos de profesionalización, información, estímulos y economía cultural. Su desafío es mejorar la ejecución y cerrar las brechas territoriales.

Casanare tiene una estructura concreta de estímulos, formación, participación y circulación, con una demanda comprobable de los artistas. Su siguiente paso debería ser fortalecer la sostenibilidad de los procesos después de recibir el apoyo.

Vichada enfrenta una brecha institucional y territorial mayor. Su prioridad es consolidar información, infraestructura, participación y capacidad de gestión para que su enorme patrimonio cultural pueda traducirse en una política pública sostenible.

Y Arauca puede tomar elementos de cada uno.

Del Meta, la profesionalización y los sistemas de información.

De Casanare, los mecanismos de estímulos y circulación.

De Vichada, la importancia de fortalecer primero las bases institucionales y territoriales.

Pero ninguno debería convertirse en un modelo para copiar ciegamente.

Porque el problema de fondo es común. 

Las preguntas que deberían quedar en la Asamblea 

La discusión sobre la Política Pública de Cultura 2026-2035 no debería terminar cuando los diputados voten la ordenanza. 

Ese será apenas el comienzo. 

La verdadera prueba llegará cuando haya que revisar sus primeros indicadores. 

Entonces habrá que preguntar: 

¿Cuántos procesos formativos continuaron?

¿Cuántos cultores lograron profesionalizarse? 

¿Cuántos artistas recibieron apoyo directo? 

¿Cuántos proyectos lograron circular fuera de Arauca? 

¿Cuántos creadores pudieron convertir sus saberes en ingresos? 

Y, sobre todo: ¿Cuánto de lo que el Estado invierte en cultura termina fortaleciendo realmente a quienes hacen cultura? 

No se trata de afirmar que la contratación pública sea, por sí misma, un problema. Los programas culturales necesitan instructores, productores, técnicos, logística y profesionales para funcionar. 

Pero una política cultural madura sí debe ser capaz de mostrar con claridad cómo se distribuyen los recursos, quiénes son sus beneficiarios y qué resultados producen. 

Arauca está a tiempo de incorporar esa lógica a su nueva política. 

Porque una escuela de joropo puede preservar una tradición.

Un festival puede visibilizarla.

Un estímulo puede financiar una obra.

Pero solamente una política que conecte formación, profesionalización, creación, circulación y sostenibilidad puede garantizar que quienes mantienen viva esa tradición tengan también un futuro dentro de ella.

Y esa es, finalmente, la discusión que debería estar teniendo Arauca.

No solamente cuánto dinero destinará a la cultura durante los próximos diez años, sino qué futuro quiere garantizarles a quienes viven para mantenerla viva.

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