865 familias campesinas han encontrado en el cacao una alternativa a la coca y más de 150 toneladas han llegado al mercado formal. Pero sacar la producción de Cumaribo sigue siendo uno de los grandes desafíos para que esta economía pueda crecer.
En el sur del Vichada hay una historia que comienza en una finca y puede terminar en una planta chocolatera en el interior del país. El recorrido, sin embargo, no es sencillo.
En las inspecciones de Güerima, Puerto Príncipe y Chupave, jurisdicción de Cumaribo, cientos de familias campesinas encontraron en el cacao una alternativa para reemplazar los cultivos de coca y vincularse a una economía legal.
El proceso lleva más de una década y hoy involucra a 865 familias. Desde 2016, más de 100.000 kilos de cacao han sido movilizados por vía aérea y otros 55.497 kilos por tierra, permitiendo comercializar más de 150 toneladas directamente con Casa Luker, de acuerdo con las cifras divulgadas por la Fuerza Aérea Colombiana.
Pero detrás de esas cifras hay una pregunta que pocas veces aparece cuando se habla del cacao del Vichada: ¿cómo sale una cosecha de un territorio tan apartado?
Del cultivo al mercado
Para estas comunidades, producir cacao no significa simplemente sembrar, cosechar y vender.
La distancia y las condiciones de conectividad convierten el transporte en una parte fundamental de la cadena.
La Fuerza Aérea Colombiana ha intervenido precisamente en ese punto. A través del Grupo Aéreo del Oriente y el Comando Aéreo de Transporte Militar, aeronaves Casa C-212 han permitido trasladar parte de las cosechas desde las zonas apartadas hasta Bogotá, donde el producto entra a la cadena comercial.
La institución ha presentado esta capacidad aérea como una herramienta para conectar la producción campesina con los mercados y facilitar que una actividad legal pueda desarrollarse en territorios históricamente afectados por las economías ilícitas.
El destino comercial tampoco es menor. Casa Luker ha sido el comprador directo de la producción vinculada al proceso. La compañía forma parte de la cadena colombiana de cacao y chocolate y trabaja con cacao fino de aroma para la elaboración de productos y derivados.
Así, una cosecha producida en una de las zonas más apartadas de Colombia termina conectada con una industria formal.
Pero el avión no puede ser la respuesta definitiva a un problema de infraestructura.
Cuando sacar la carga por tierra se convierte en una odisea
La otra cara de esta historia está en las carreteras.
El pasado 3 de septiembre, Llanera.com informó sobre varios camioneros que llevaban cuatro días varados en el tramo comprendido entre El Mango y Cosargo, en la ruta utilizada para llegar hacia Cumaribo.
Los transportadores denunciaron huecos de gran profundidad, vehículos averiados y dificultades incluso para conseguir alimentos mientras permanecían detenidos.
El problema no es nuevo. En julio de este año también se reportó que la carretera entre Puerto Gaitán y Cumaribo presentaba deterioro generalizado y varios puntos considerados críticos.
La situación plantea un desafío que va mucho más allá de los camioneros: una economía campesina necesita una infraestructura estable para convertirse en una verdadera alternativa económica.
El cacao puede reemplazar un cultivo ilícito en una parcela, pero para que esa sustitución sea sostenible el productor necesita poder sacar su cosecha, venderla y recibir un precio que haga rentable continuar sembrando.
Una transformación que necesita carretera
El proyecto del Alto Vichada demuestra que la sustitución puede ir más allá de la erradicación.
La cifra oficial habla de 888 hectáreas de coca erradicadas voluntariamente dentro de los acuerdos de sustitución y de 865 familias que han encontrado en el cacao una nueva actividad económica.
También se han desarrollado asociaciones de productores, centros de acopio y alianzas con entidades públicas y privadas para consolidar la cadena.
Pero existe una paradoja.
Mientras la institucionalidad ha conseguido conectar por aire a productores de Güerima con compradores del interior, los transportadores que utilizan las carreteras siguen enfrentando tramos donde un camión puede quedar detenido durante días.
Incluso se han buscado alternativas terrestres para fortalecer el proyecto productivo. La Fuerza Aérea documentó la incorporación de vehículos de carga para apoyar el traslado de la producción del Alto Vichada, una señal de que el transporte terrestre continúa siendo necesario para consolidar la cadena.
El verdadero reto está después de la sustitución
El caso del cacao deja una pregunta abierta para las autoridades: ¿qué ocurre después de que una comunidad decide cambiar la coca por una actividad legal?
La respuesta no puede quedarse solamente en entregar semillas, asistencia técnica o facilitar un vuelo para sacar la cosecha.
También necesita carreteras transitables, transporte competitivo, centros de acopio y compradores estables.
La conexión entre Puerto Gaitán y Cumaribo ha sido objeto de anuncios y proyectos de infraestructura durante varios años. En 2022, el Gobierno nacional anunció inversiones para la Transversal de la Altillanura, incluida la pavimentación de tramos destinados a mejorar la conexión entre Meta y Vichada.
Sin embargo, los problemas que actualmente denuncian los transportadores muestran que la conectividad continúa siendo una deuda para quienes viven y producen en el territorio.
Del avión a la carretera
La historia del cacao del Vichada, entonces, no termina cuando la cosecha sale de la finca. Empieza allí.
Después viene el centro de acopio, el transporte, la carretera —cuando las condiciones lo permiten— o la aeronave que puede llevar la carga hasta Bogotá. Finalmente aparece el comprador industrial.
Más de 150 toneladas comercializadas demuestran que existe un mercado para este producto. Las 865 familias vinculadas muestran que hay comunidades dispuestas a apostarle a una economía legal.
Ahora el desafío es conseguir que esa producción pueda crecer sin depender de soluciones extraordinarias para superar problemas que deberían resolverse con infraestructura permanente.
Porque si el cacao representa para estas comunidades una salida de la economía de la coca, las carreteras tendrán que convertirse también en una vía de entrada hacia esa nueva economía.