La iniciativa plantea integrar producción agroindustrial, infraestructura, energía, ciencia, conservación y turismo en una visión de largo plazo para Meta y Vichada.
La Altillanura vuelve a estar en el centro de una propuesta de desarrollo de largo plazo para Colombia. La Escuela Colombiana de Ingeniería Julio Garavito, su Asociación de Egresados y la Organización Luis Carlos Sarmiento Angulo trabajan en la estructuración de un Plan Maestro para el Desarrollo Sostenible de la Altillanura y la Orinoquía Colombiana, con el propósito de integrar capacidades académicas, empresariales e institucionales alrededor del futuro de esta región.
La iniciativa parte de una realidad ya reconocida por la política pública: la Altillanura tiene una extensión aproximada de 13,5 millones de hectáreas y, de acuerdo con el Conpes 3797 de 2014, comprende los municipios de Puerto López, Puerto Gaitán y Mapiripán, en Meta, y La Primavera, Cumaribo, Puerto Carreño y Santa Rosalía, en Vichada.
El documento del Gobierno Nacional identificó entonces un importante potencial agropecuario, forestal y agroindustrial para esta subregión, al tiempo que advirtió sobre la necesidad de ordenar el territorio y proteger sus recursos naturales y riqueza cultural.
Una propuesta que busca ir más allá del agro
El nuevo planteamiento no se limita a ampliar la producción agrícola. La propuesta contempla trabajar sobre agricultura tecnificada, ganadería sostenible, sistemas silvopastoriles y forestales, agroindustria, energías renovables, infraestructura vial y fluvial, logística, manejo del agua y tecnologías aplicadas al territorio.
La visión también incorpora sectores como el turismo de naturaleza, la investigación científica y la transformación de materias primas, con el propósito de que la región no se limite a producir bienes primarios, sino que desarrolle cadenas de valor y nuevas actividades económicas.
La apuesta tiene como antecedente directo el llamado realizado en abril por el empresario Luis Carlos Sarmiento Angulo durante la inauguración de la Cátedra que lleva su nombre en la Escuela Colombiana de Ingeniería.
En esa oportunidad, Sarmiento pidió que la institución se vinculara al diseño y ejecución de un Plan Maestro para la Altillanura y planteó que el proyecto debería trascender los ciclos de los gobiernos y convertirse en una política de largo plazo.
El empresario también señaló la necesidad de revisar condiciones normativas, incentivos y mecanismos de financiación para facilitar inversiones de gran escala en la región.
La participación de las comunidades
Uno de los componentes que plantea la nueva propuesta es que el desarrollo de la región no se limite a la infraestructura y la producción.
El documento plantea incorporar a las comunidades indígenas y campesinas en la construcción de las soluciones, respetando sus derechos, territorios, conocimientos y mecanismos de participación establecidos por la legislación colombiana.
La propuesta también contempla utilizar conocimientos locales sobre el agua, los bosques, la fauna y la flora como parte de los procesos de investigación y conservación.
En materia educativa, se plantea fortalecer la formación técnica, tecnológica y empresarial en áreas relacionadas con producción sostenible, recursos naturales, energías renovables, transformación de alimentos, turismo, tecnologías digitales y emprendimiento.
No partir de cero
Uno de los planteamientos centrales del proyecto es que la Orinoquía ya cuenta con una amplia cantidad de estudios, investigaciones y propuestas elaboradas durante décadas por entidades públicas, universidades, centros de investigación y organismos nacionales e internacionales.
Por eso, la iniciativa propone concentrar esfuerzos en conectar ese conocimiento con las instituciones, los productores, las comunidades y los inversionistas, en lugar de comenzar nuevamente desde cero.
La idea tiene antecedentes en la propia política estatal para la región. El Conpes 3797 planteó desde 2014 una estrategia de desarrollo integral de la Orinoquía, con una primera fase concentrada en la Altillanura y componentes relacionados con infraestructura, ordenamiento territorial, inversión y aprovechamiento de su potencial productivo.
Incluso documentos del Departamento Nacional de Planeación de años posteriores contemplaron un Plan Maestro para el desarrollo de la Orinoquía, asociado al ordenamiento territorial, la infraestructura, la logística, el recurso hídrico y la gobernanza.
La diferencia de la propuesta que ahora impulsan la Escuela Colombiana de Ingeniería y sus aliados estaría en reunir buena parte de esas capacidades alrededor de una visión integral de largo plazo.
Una apuesta que incluye a toda la Orinoquía
Aunque el foco productivo de la propuesta está en la Altillanura, el planteamiento se enmarca en una visión más amplia de la Orinoquía colombiana, integrada por Arauca, Casanare, Meta, Vichada, Guaviare y Guainía.
El reto, según la iniciativa, es aprovechar las capacidades de cada territorio sin desconocer sus diferencias ambientales, sociales y productivas.
Para ello se plantea fortalecer la conexión entre universidades, Estado, sector privado, productores y comunidades, con proyectos relacionados con infraestructura, energía, producción de alimentos, conservación, investigación e innovación.
La propuesta será presentada como un Plan Maestro para el Desarrollo Sostenible de la Altillanura y la Orinoquía Colombiana, concebido como una apuesta de largo plazo para incorporar con mayor fuerza el potencial de esta región a la economía nacional.
Más que una nueva discusión sobre las posibilidades de la Altillanura, sus impulsores plantean un desafío de coordinación: lograr que el conocimiento y las propuestas acumuladas durante años puedan convertirse en proyectos concretos y sostenibles para el territorio.