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  • Última actualización 2026-07-06 16:06:23
Asesinado el 2 de octubre de 1989. La Fiscalía General de la Nación le imputará al Ejército de Liberación Nacional su muerte, considerada ya como crimen de lesa humanidad. Mientras tanto, la Iglesia Católica quiere que sea canonizado.
Arauca

Imputarán al ELN muerte del obispo Jesús Jaramillo, crimen de lesa humanidad.

Para el próximo 31 de mayo está programada la audiencia en la que la Fiscalía planea imputarle al Comando Central (Coce) del ELN más de 15.000 hechos delictivos. Entre esos, el secuestro, la tortura y el asesinato del obispo de la Diócesis de Arauca, Jesús Emilio Jaramillo Monsalve, por quien, desde 1998, la Conferencia Episcopal de Colombia comenzó a hacer trámites para que el Vaticano lo canonice. Han pasado, sin embargo, casi 27 años desde que se cometió el crimen y nadie purga una condena por él. Así las cosas, en teoría, debía ser un caso prescrito.

No obstante, La Fiscalía respondió que, “conforme a la Directiva 003 del 26 de marzo de 2015, expedida por el fiscal general de la Nación (...) se puede confirmar su imprescriptibilidad”. Es decir: la justicia nunca tendrá un tiempo límite para tratar de dar con los responsables de la muerte de monseñor Jaramillo.

Investigar el asesinato del obispo Jesús Jaramillo no puede tener fecha de vencimiento porque este crimen, para la Fiscalía, es de lesa humanidad. En el caso de monseñor Jaramillo, una de las razones por las cuales el episodio fue tan impactante es porque era la primera vez que el Eln ejecutaba a un religioso.

Los hechos.

Aunque la justicia poco o nada haya avanzado en este caso, desde hace 27 años es claro que el Eln fue el responsable del homicidio de monseñor Jaramillo, quien en 1970 fue nombrado como primer obispo de la Diócesis de Arauca.

Pero 19 años después, el 2 de octubre de 1989 monseñor Jesús Emilio Jaramillo Monsalve, con 72 años, viajaba con el sacerdote Elmer Muñoz en un campero por la carretera Fortul-Tame, en compañía del párroco de Cravo Norte, León Sarabanda; del párroco del Fortul, José Lubin Rodríguez; del seminarista Germán Iracoca y de la secretaria Claudia Patricia Rodríguez, cuando tres hombres vestidos de civil y que se identificaron como miembros del ELN les pidieron a todos la identificación. Luego, retuvieron al obispo y al sacerdote Muñoz y dejaron en libertad a los demás miembros de la comitiva.

A los tres guerrilleros se les unieron ocho que le reclamaban al obispo sus buenas relaciones con los militares. Después de esto le dijeron al sacerdote Muñoz que se podía marchar, porque ellos querían charlar con el obispo y enviar por su intermedio un mensaje al gobierno. El padre Muñoz no pensó que la amistad de monseñor con los militares le fuera a costar la vida. Así que se fue tranquilo. Sin embargo, le extrañó que monseñor Jaramillo le pidiera que antes de despedirse se confesaran mutuamente. Después de la absolución el padre Muñoz se marchó y ya no volvería a ver vivo al obispo.

Al otro día, en compañía de unos campesinos, regresó al lugar donde habían estado el día anterior y se encontró, en medio de la hojarasca, con el cuerpo del obispo de Arauca que presentaba siete heridas de proyectil de fusil en la cabeza, así como varias fracturas y heridas en los brazos que confirmaban su tortura. También había sido despojado de su anillo y de su cadena. 

En medio de la obsesión por las bombas de los mafiosos, la trascendencia de este crimen no alcanzó a ser registrada en su dimensión real. Pero la verdad es que pocas veces en la historia de la izquierda colombiana se había visto un crimen más injusto y horripilante.

¿Por qué?

La amistad del obispo con los militares no era gratuita. Jesús Emilio Jaramillo estudió en el Seminario de Misioneros Javerianos Extranjeros de Yarumales. La formación que se da en este seminario es esencialmente inclinada hacia la labor de las misiones.

Por eso, cuando el obispo Jaramillo fue nombrado en Arauca, consideró que la única forma posible de neutralizar el trabajo de la guerrilla en la zona era haciendo un apostolado social, de la mano de los militares.

Esta actitud irritaba a los del ELN que, en varias ocasiones, le habían mandado razones de que tenía que cuidarse porque lo iban a matar. El obispo no les prestó mucha atención. Creía, como casi todo el mundo, que la única obsesión del ELN era la de la renegociación de los contratos de asociación.

El grupo guerrillero aceptó la autoría del crimen apenas días después de haberlo cometido, en su boletín “Liberación”. Como documentó el jesuita Javier Giraldo en su libro “Aquellas muertes que hicieron resplandecer la vida”, los elenos divulgaron: “Determinamos el ajusticiamiento del obispo Jesús Emilio Jaramillo por delitos contra la revolución”. Lo acusaron de hacer parte “del sector más reaccionario de la jerarquía eclesiástica colombiana” y de penetrar ideológicamente los programas de educación de forma coordinada con el Ejército.

El ELN tampoco le “perdonó” a monseñor Jaramillo, según la propia organización guerrillera escribió en su boletín, que “camuflada o abiertamente” se expresara “contra la organización, contra la revolución y contra el comunismo”, ni su “descarada utilización de su investidura e ‘influencia’ ideológica en la defensa de los militares”.

Lo paradójico de todo este episodio es que el ELN ha estado toda la vida muy orgulloso de ser el grupo guerrillero que ha contado con más sacerdotes en sus filas. Después de todo, la figura y el pensamiento de Camilo Torres Restrepo en el ELN traspasó las fronteras nacionales.

Sin embargo, el propio jesuita Javier Giraldo resaltó: “Monseñor muere víctima de una supuesta ‘justicia revolucionaria’, que es la negación misma de la justicia. Monseñor fue víctima de una actitud antirreligiosa que hizo carrera en el Frente Domingo Laín de la UC-ELN, inspirada en una vertiente dogmática del más espurio marxismo”.

Macroimputación contra el ELN.

Además de demostrar que el asesinato de monseñor Jaramillo hizo parte de un plan sistemático del ELN, la Fiscalía tiene otro gran reto en este caso: demostrar la responsabilidad de los miembros del Comando Central (Coce) en el crimen.

Según indicó la Fiscalía, esta anunciada macroimputación de más de 15.000 hechos se hará en contra de Nicolás Rodríguez Bautista, alias Gabino; Israel Ramírez Pineda, alias Pablo Beltrán; Eliécer Chamorro, alias Antonio García; Gustavo Giraldo Quinchía, alias Pablito; y Rafael Sierra Granados, alias Ramiro Vargas. Beltrán, Gabino y García ingresaron al Coce, señala el organismo investigativo, en 1986, un año antes de que muriera monseñor Jaramillo. Rafael Sierra, sin embargo, es identificado como integrante del Coce desde 2005 y Pablito, desde 2014.

Que lo canonicen: Iglesia Católica.

Mientras la justicia toma decisiones sobre el caso de monseñor Jesús Emilio Jaramillo Monsalve, a la Iglesia Católica Colombiana le interesa otra cosa: que sea reconocido como un mártir y, por ende, como un santo. Para avanzar rumbo a ese propósito, la Diócesis de Arauca y los misioneros de Yarumal –comunidad a la que pertenecía monseñor Jaramillo y que fue fundada por monseñor Miguel Ángel Builes, quien creía que ser liberal era pecado– están en la misión de recaudar 15.000 euros para pagarle a la comisión de expertos que contrataron para argumentar ante el Vaticano por qué monseñor Jaramillo debe ser canonizado.

“La gente ha sido muy generosa”, dijo el sacerdote José María Bolívar, párroco de la catedral Santa Bárbara de Arauca. “Todavía no hemos recogido todo el dinero, pero no nos falta mucho. La vida y obra de monseñor Jaramillo ya ha sido documentada y eso será lo que se le presente al santo padre y su comité”, agregó el sacerdote.

Pero, ¿qué pasará primero? ¿A monseñor Jesús Emilio Jaramillo Monsalve lo declaran santo o la justicia encontrará a los verdaderos responsables de su asesinato?

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