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Faltaban seis minutos para las siete de la noche, cuando en medio de la espera, en el oscuro horizonte del aeropuerto de Vanguardia, aparecieron sobrevolando los dos helicópteros de las Fuerzas militares de Brasil, con los cuatro militares liberados y los miembros de la comisión humanitaria.
Las aeronaves que se distinguían por los emblemas de la Cruz Roja internacional, acabaron con el suplicio que por cerca de dos años, soportaron varias familias colombianas.
Una vez se apagaron los motores, descendieron uno a uno los militares liberados, tres miembros del grupo Gaula de la Policía Nacional, los agentes Alexis Torres Zapata, Juan Fernando Galicia, José Walter Lozano y el soldado profesional William Giovany Rodríguez, quienes venían vestidos con trajes negros y con las botas pantaneras, que utilizaron durante el cautiverio.
Después de muchos inconvenientes durante el día, primero por el clima y luego, por aparentes hostigamientos, Ives Gelher, vocero del CICR para Colombia, anunció que los militares habían sido entregados por un comandante de las FARC, en un punto indeterminado del departamento del Caquetá y trasladados a Villavicencio.
Como el operativo se cumplió después de las seis de la tarde, hora en que se cierran las operaciones del aeropuerto de Vanguardia, fue necesario que los aviones de la Policía Nacional, despegaran de Vanguardia y fueran hacia la pista del aeropuerto militar de Apiay.
Los agentes y el soldado liberados, fueron recibidos con flores y pañuelos blancos y una vez presentados a los miembros de Colombianos por la Paz, fueron evaluados por una comisión médica y transportados hacia la base aérea Luis F. Gómez Niño, para de allí partir de inmediato hacia Bogotá, donde en el aeropuerto de Catam los esperaban sus familiares y luego fueron conducidos a centros asistenciales de las fuerzas militares.