Han pasado dos años desde ese terrible día y el dolor sigue ahí: en el corazón de José Álvaro Torres, padre de Yenny, Yefferson y Yimmy, quienes fallecieron de la manera más cruel, injusta e inhumana a manos, según la justicia, de Raúl Muñoz Linares, nada más ni nada menos que un militar, miembro de una de las instituciones en las que el Gobierno siempre insta a confiar.
Es el mismo dolor que aún perdura en el corazón de sus hermanos sobrevivientes, quienes no pudieron ocultar su pena y lloraron durante la ceremonia.
Es un dolor compartido por no pocas personas del sector, quienes, aunque disimuladamente, derramaron lágrimas que se unieron a las que no cesan de salir de los ojos de Álvaro Torres.
Poco a poco y con mucho esfuerzo los habitantes de la vereda Flor Amarillo, jurisdicción de Tame, fueron organizando las pancartas con mensajes alusivos a los hermanitos Torres. Frente a la escuelita del sector organizaron el evento con el platón de un camión como tarima.
Y las mujeres de la vereda, con un empuje que solo se ve en este tipo de sectores, se afanaban para alistar la carne a la llanera, sancocho de gallina, y la yuca cocinada que servirían a la hora del almuerzo.
Ni siquiera faltaron los indígenas del sector, quienes salieron de sus resguardos y en fila india llegaron hasta el lugar de la ceremonia. En silencio permanecieron durante el evento y en ese mismo mutismo fueron y se sentaron una vez terminó, a esperar que estuviera la novilla que les estaban preparando especialmente para ellos.
Los niños, vestidos con camisetas blancas en las que decían que recordarían por siempre a los menores asesinados, prepararon carteleras variopintas con un mismo mensaje: respeto por la integridad de los niños, rechazo a la violencia y la promesa de jamás olvidar a las víctimas.
El grupo musical infantil de Tame inició la marcha en la que esos mismos niños gritaron a voz en cuello sus protestas y arengas contra la violencia y a favor de la paz, mientras agitaban banderitas blancas. Tuvieron su parte en la ceremonia, donde con un vocerito, manifestaron su posición frente al horrendo crimen.
José Álvaro Torres no pudo contener la emoción durante su intervención, en la que agradeció a todo el mundo su presencia. Su hija mayor quiso hablar, pero al final, el llanto pudo más que su determinación y solo alcanzó a agradecer la presencia de los asistentes. Ese dolor supera el que provoca cada día el abandono del Gobierno que denuncian ellos y la mala situación económica que están viviendo.
Pero la parte más escalofriante del evento corrió por cuenta de la abogada Olga Silva, miembro de la ONG Humanidad Vigente, quien a pesar de las amenazas en su contra, estuvo dentro del proceso realizado al ex militar y narró los detalles del caso que recorrió el mundo entero.
El diputado Ferney Tique, quien se hizo presente, también expresó su rechazo por lo ocurrido con los hermanitos Torres hace tan solo dos años, a la vez que aprovechó la ocasión para denunciar más abusos y atropellos de la fuerza pública contra la población civil.
El acto finalizó con la marcha del ladrillo, donde los asistentes, con bloque en mano, caminaron hasta el lugar, a poner esa cuota para la construcción del monumento que recuerde a los niños asesinados. No les importó que fuera mediodía y que el sol arreciara despiadado sobre sus cabezas.
Despiadado. Como al parecer lo fue ese hombre que permanecerá en primera instancia recluido en una celda de La Picota por 60 años, al enfrentarse armado y con toda la experiencia de su trabajo, a unos indefensos niños aterrados, destruyéndoles a machetazos y vejámenes de todo tipo sus ilusiones, sus sueños, sus esperanzas… sus vidas.