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Una obra maestra del engaño, que ideó Bolívar y contribuyó a la independencia de Colombia
Cultura

Diario De La Independencia. Capítulo 8: La marcha que engañó a todo un ejército.

El Diario de la Independencia reconstruye, día por día, los acontecimientos de la Campaña Libertadora de 1819 a partir de documentos históricos, memorias de protagonistas e investigaciones académicas. La narración utiliza recursos propios de la crónica periodística para acercar al lector a los hechos, pero no inventa diálogos ni atribuye pensamientos como si fueran hechos históricos. Cuando existen diferencias entre las fuentes, estas se señalan expresamente.

Loma Bonita, provincia de Tunja. 4 de agosto de 1819.

El movimiento comenzó poco antes del mediodía.

Las órdenes recorrieron el campamento patriota con rapidez: desmontar las tiendas, preparar las mulas, formar las columnas y emprender la marcha.

Los soldados obedecieron sin hacer preguntas.

Pronto ocurrió algo que desconcertó incluso a muchos oficiales.

El ejército no avanzó hacia Santafé.

Tampoco buscó a Barreiro.

Giró en dirección contraria.

Las columnas comenzaron a caminar hacia el camino por donde habían llegado días atrás.

Entre la tropa comenzaron los murmullos.

—¿Nos retiramos? —se habrán preguntado.

Después de atravesar el páramo de Pisba.

Después del Pantano de Vargas.

Después de tantos muertos.

¿La campaña había terminado?

Nadie respondió.

Bolívar cabalgaba en silencio.

Solo un reducido grupo de oficiales conocía el verdadero propósito de aquella marcha.

Mientras Bolívar ejecutaba una de las maniobras más audaces de toda la campaña, otro escenario comenzaba a decidir el futuro del ejército realista.

A casi cien kilómetros de allí, en Charalá, los habitantes de la provincia del Socorro y las milicias patriotas enfrentaban sobre el puente del río Pienta a las tropas del coronel Lucas González, que marchaban para unirse a Barreiro.

No luchaban por conquistar una ciudad.

Luchaban por ganar tiempo.

Cada hora que aquellos refuerzos tardaran en llegar podía cambiar el destino de la campaña.

Los combates fueron duros y desiguales. Muchos de los defensores eran campesinos y vecinos de la región que —con machetes, palos y piedras—, enfrentaron a soldados veteranos del ejército español bien armados.

Aunque el costo fue enorme, porque la lucha duró varios días y le costó el máximo sacrificio a centenares de campesinos, aquella resistencia obligó a los realistas a emplear tiempo y recursos para abrirse paso.

En dos lugares distintos de la Nueva Granada se libraba la misma batalla.

En Tunja, Bolívar engañaba a Barreiro con una maniobra magistral, sin conocer que en Charalá, un pueblo entero retrasaba el avance de quienes podían cambiar el equilibrio de fuerzas.

Y desde las alturas boyacenses, los exploradores realistas observaban cada movimiento.

Uno tras otro regresaron al campamento de José María Barreiro con la misma noticia.

—General... los rebeldes se retiran —tuvieron que decirle.

Y es que la información parecía confirmar lo que el coronel español esperaba desde hacía varios días: Que el Ejército Libertador, agotado por el frío, el hambre y las pérdidas sufridas, finalmente desistía de avanzar sobre Santafé.

Barreiro respiró con tranquilidad. No ordenó una persecución inmediata.

Decidió permanecer en Loma Bonita, convencido de que el enemigo no tendría otra opción que seguir alejándose.

Incluso comenzó a coordinar la llegada de nuevos refuerzos para dar el golpe definitivo cuando llegara el momento.

No sabía que sus refuerzos más cercanos estaban retrasados en Charalá. Nunca llegarían a tiempo.

Sin saberlo, acababa de aceptar las reglas del juego que Bolívar había diseñado.

Cuando cayó la noche, el silencio cubrió los caminos de Boyacá.

Fue entonces cuando llegó la verdadera orden de Bolívar.

No habría retirada. Tampoco regreso.

Las columnas patriotas cambiaron bruscamente de dirección.

Sin tambores, ni cornetas.

Sin encender fogatas que delataran su posición.

Miles de hombres comenzaron a marchar por caminos secundarios hacia Toca y Chivatá, buscando sorprender al enemigo antes de que pudiera reaccionar.

La oscuridad ocultaba el movimiento.

Los cascos de los caballos apenas rompían el silencio de la noche.

Los soldados caminaban guiados por oficiales y baquianos que conocían aquellos senderos como la palma de su mano.

Nadie podía quedarse atrás. Nadie debía hacer ruido.

Mientras Barreiro descansaba convencido de haber obligado a Bolívar a abandonar la campaña, el Ejército Libertador avanzaba incansablemente bajo la noche.

Aquella no era una retirada. Era una ilusión cuidadosamente construida.

¡Y el ejército español acababa de creerla!

En la guerra, engañar al enemigo puede ser tan decisivo como derrotarlo en el campo de batalla.

La independencia de la Nueva Granada acababa de dar otro paso. Y muy pocos eran conscientes de ello.

Las grandes victorias no siempre se consiguen venciendo al enemigo; a veces basta con convencerlo de que ya ha ganado.

La Campaña Libertadora avanzaba gracias a dos fuerzas distintas: el ingenio de sus generales y el sacrificio de su pueblo.

Personaje del día

La Contramarcha de Paipa

No fue un combate.

No dejó centenares de muertos.

Sin embargo, la Contramarcha de Paipa es considerada por numerosos historiadores como una de las maniobras estratégicas más brillantes de la Campaña Libertadora.

Bolívar hizo creer a Barreiro que abandonaba la ofensiva y regresaba hacia los Llanos.

El comandante español aceptó esa información como cierta y organizó sus movimientos sobre esa premisa.

Pero, cuando cayó la noche, el Ejército Libertador cambió de rumbo y emprendió una marcha secreta hacia Tunja.

En pocas horas, la iniciativa pasó definitivamente al bando republicano.

Lo que parecía una retirada fue, en realidad, el comienzo del camino hacia la victoria de Boyacá.

¿Sabías que...?

La Batalla del Pienta es conocida por muchos historiadores como "la batalla olvidada".

Aunque ocurrió apenas unos días antes de Boyacá y pudo influir en el retraso de los refuerzos destinados a Barreiro, durante muchos años este episodio recibió mucha menos atención que otras acciones de la Campaña Libertadora.

En las últimas décadas, investigadores y academias de historia han impulsado su reconocimiento.

Cómo se construyó esta historia

Daniel Florencio O'Leary. Memorias del General O'Leary.

José Manuel Restrepo. Historia de la Revolución de la República de Colombia.

Academia Colombiana de Historia, estudios sobre la Campaña Libertadora y la Batalla de Boyacá.

Gobernación de Boyacá.

Academia de Historia de Boyacá.

Mañana en el Diario de la Independencia

5 de agosto de 1819

Mientras Barreiro descubre demasiado tarde que el Ejército Libertador nunca huyó, Bolívar acelera la marcha hacia Tunja. La carrera ya no consiste en perseguir al enemigo, sino en llegar primero a una ciudad cuya posesión decidirá el destino de la campaña.

La trampa ha funcionado.

Ahora comienza la persecución.

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