Nadie se imaginaba que lo que debía ser un día de esparcimiento, terminaría convirtiéndose en una espantosa tragedia que se cobró la vida de dos personas.
El 15 de marzo de 2014 era un sábado como cualquier otro. O al menos eso parecía. Y el sacerdote Pedro Antonio Mera Yotimbo, párroco de la iglesia El Señor de los Milagros, decidió tener un día de esparcimiento, retiro espiritual incluido, junto a un grupo de jóvenes, entre los que se encontraba Dilvio Camargo.
Departieron y almorzaron en una casa que contaba con una extensa zona de playa del río Arauca, en la vía a Clarinetero. A eso de la una de la tarde, luego de la comida, el religioso estaba tomando una apacible siesta junto a sus acompañantes cuando un suceso del todo imprevisto marcó lo que sería su destino.
Jorge Herrera, un habitante de la vereda Clarinetero, lo cuenta: “El padre y Dilvio estaban tomando la siesta cuando llegó una muchacha gritando que unos jóvenes se estaban ahogando. Los dos salieron corriendo, cruzaron la playa que mide uno ciento cincuenta metros y se hundieron en el río, le lanzaron unos salvavidas a los tres muchachos, estos los cogieron y luego tanto el padre como su acompañante desaparecieron en las aguas del río”.
Aunque cumplieron con su cometido, salvar la vida de los tres muchachos, el párroco y el joven Dilvio aún están desaparecidos.
La noticia conmocionó de tal forma a la comunidad, que ni siquiera el obispo creyó al principio que el sacerdote hubiera muerto: “El sábado a mediodía había hablado con un seminarista que había participado en la actividad del sacerdote Pedro Mera y este me dijo que todo estaba marchando bien. Minutos después empezamos a recibir llamadas diciendo que el padre se había ahogado y pensé que era una broma de mal gusto. Pero nos dirigimos al lugar a orillas del río Arauca y me confirmaron que el padre Pedro Mera había desaparecido junto al joven Dilvio Camargo”, comentó monseñor Jaime Muñoz Pedroza, obispo de la diócesis de la iglesia católica en Arauca.
Agregó que lamenta mucho lo que ocurrió y que lleva a reflexionar para estar preparados como dice el evangelio porque nadie sabe, el día, la hora o las circunstancias. Pidió a los araucanos que acompañen a la comunidad de la parroquia el Señor de Los Milagros, que atendía el padre Pedro Mera, es una comunidad que necesita el apoyo de todos los araucanos porque ahora está sufriendo bastante y necesitan solidaridad.
Mientras tanto, la Defensa Civil, el Cuerpo de Bomberos de Arauca y pescadores de la zona de la vereda Clarinetero continúan la búsqueda de los cuerpos del sacerdote Pedro Mera y el joven Dilvio Camargo. Con tres embarcaciones realizan la búsqueda en Clarinetero, donde se nota la profundidad del río Arauca.
“Aún no sabemos podremos recuperar los cuerpos, pueden tardar varios días en flotar si no han sido atrapados por las ramas de árboles que se encuentran en el fondo del río, por lo que esperamos contar con el apoyo de buzos especializados en esta clase de rescate en aguas oscuras y profundas como son las del río Arauca”, dijo Helio Castillo, comandante del Cuerpo de Bomberos de Arauca.
Castillo afirmó que por ahora cuenta con el apoyo de la Administración Municipal de Arauca para comprar combustible para los motores de las embarcaciones que son usadas para la búsqueda de los cuerpos, que se ha extendido hasta el Guárico, pero se ha intensificado en los primeros dos kilómetros, lugar donde el río pierde profundidad.
Las aguas mansas avisan del gran peligro que puede correr cualquier persona que se atreva a nadar en este sector. La basta profundidad, corrientes que forman remolinos bajo la superficie, restos de árboles o vegetación que subyace en el fondo del río y hasta animales pueden provocar que el río literalmente “se lo trague”.
Y en particular el río Arauca es considerado uno de los más peligrosos del sector, pues abundan las zonas profundas, remolinos, “caramas” (restos de árboles hundidos en el río) y crecientes que han hecho que más de uno haya muerto en estas aguas, además del licor que hayan ingerido algunos ahogados o la inexperiencia en natación de otras víctimas.
Con infortunios como el ocurrido con los muchachos que casi mueren, más las muertes del párroco y el joven, se demuestra otra vez que este afluente no tiene por naturaleza ser clemente con la vida humana. Antes bien, este río Arauca impone respeto porque tiene su propio cementerio.