Serpenteando la vasta altillanura del Vichada, el río Bita da vida a un caleidoscopio de especies que lo convierten en un tesoro natural. El jején, su guardián natural, logró el respeto de pobladores y ahuyentó a la guerrilla con su ataque siempre sorpresivo, y así lo blindó de la intervención del hombre.
La salud del río Bita, que atraviesa el Vichada de oriente a occidente, con casi 500 kilómetros de longitud, la envidiarían ‘enfermos terminales’ como el Magdalena y el Bogotá, convertidos durante años en desagües de poblaciones e industrias. Como atributos emergen la poca presencia humana y la intención conjunta de algunos de velar por el cuidado de sus aguas.
Alimenta a jaguares, delfines, nutrias gigantes, tortugas y arawanas, por nombrar algunas especies. Su desembocadura, a cinco minutos de Puerto Carreño, abre la puerta cada año a unos 600 amantes de la pesca deportiva, lo que lo convierte en un atractivo turístico en medio de una zona donde la actividad económica es la ganadería, la siembra de frutales y, últimamente, el arribo de grandes compañías que siembran especies maderables.
Su valor, llevó al Ministerio del Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible, a la Gobernación del Vichada, Corporinoquia, en conjunto con el Instituto Humboldt, la Fundación Omacha, Palmarito y Orinoquia, y al Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), autoridades y organizaciones ambientales, a apostar por su conservación con una figura inédita no solo en el país sino en la región: la de río protegido.
“Buscando nuevas alternativas surge este concepto de río protegido, que viene del de paisajes protegidos que maneja la Unesco”, explica Germán Andrade, subdirector científico del Instituto Humboldt.
Ese mensaje de cuidar los recursos naturales ha calado en los pobladores de Puerto Carreño, que con orgullo aseguran tener en el río Bita un tesoro de vida.
Travesía natural
Las raíces de este proyecto nacieron con la Travesía Humboldt, un recorrido por el río Meta, que finalizó el año pasado con una radiografía de la Orinoquia, región que se ha convertido en foco de grandes proyectos económicos.
No en vano, los expertos han relacionado los proyectos que han explotado la región con la intensa sequía que sufrió el Casanare recientemente y que cobró la vida de animales y dejó millonarias pérdidas.
Fernando Trujillo, director científico de Omacha, una de las organizaciones vinculadas con la protección del Bita, reconoce que “llevamos años preocupados con el desarrollo de los proyectos económicos en la altillanura porque se ha planteado que esas sabanas son improductivas y que es una oportunidad convertirlas en cultivos. Por eso, desde el sector ambiental hemos alertado que el desarrollo es bienvenido, pero que deben tener en cuenta los recursos y biodiversidad”.
Un acuerdo social
La figura de río protegido –dice el subdirector científico del Instituto Humboldt– se establecerá como acuerdo social. “No es un tema legal todavía y se concentrará sobre la base del conocimiento y la investigación científica para saber cómo nos va con las transformaciones en ese territorio. El río es el testigo; si este está sano, así estará el territorio”.
Motivo por el cual se firmó la alianza, en donde se definieron cuatro estrategias que marcarán la línea de trabajo: la primera, mejorar el conocimiento, ver cómo responden las sabanas y la pesca, todo basado en conocimiento. La segunda, mantener y extender el acuerdo social. La tercera, la intervención sobre el paisaje para saber hasta dónde se puede intervenir un territorio sin que se causen sorpresas ni eventos negativos. Por último, la divulgación pública y el entendimiento.
Beneficios para la gente
Surge entonces el interrogante de cómo proteger un río que goza de buena salud.
“Acá vamos a evitar cambios negativos. Queremos mantener el bienestar de la población, pues no es un río en la mitad de la nada. Las metas son hacer que ese estado actual se consolide a través de un bienestar de la población. Lo ambiental se transforma en la generación de beneficios para pescadores, agricultores, indígenas, y los habitantes de esa región, con posibilidad de expandir la idea hacia otros escenarios”.
Con todos los actores involucrados, con epicentro en Puerto Carreño, se trabajará hacia el occidente del río para llegar hasta el municipio de Primavera. “Es una zona donde se están produciendo plantaciones de agroindustria con oportunidades interesantes para hacer esas actividades de forma compatible con el mejoramiento de los ecosistemas”.
Vía: eltiempo y prensa gobernación de Vichada.