La experiencia del Pacto Caquetá ha llegado a productores y dirigentes de los tres departamentos, mientras en Meta ya se desarrolla un proyecto para convertir 40 fincas ganaderas en Reservas Naturales de la Sociedad Civil.
El modelo Pacto Caquetá Cero Deforestación y Reconciliación Ganadera comienza a dejar huella en la Orinoquia. Productores y representantes del sector ganadero de Arauca, Casanare y Meta han conocido la experiencia desarrollada en Caquetá a través de la denominada Ruta del Queso, concebida como un espacio para compartir prácticas de producción sostenible y transformación de la cadena láctea.
La iniciativa, liderada por el Comité Departamental de Ganaderos del Caquetá, busca demostrar que la actividad ganadera puede avanzar en productividad y generación de ingresos mientras incorpora medidas de conservación ambiental.
De acuerdo con Rafael Torrijos Rivera, gerente del Comité Departamental de Ganaderos del Caquetá y creador del modelo, la experiencia ha despertado interés en diferentes regiones del país.
"Ha despertado interés en distintas regiones del país, donde varios sectores ganaderos ya trabajan en iniciativas inspiradas en el modelo caqueteño", dijo.
Arauca y Casanare conocen la experiencia
El intercambio con la región ya tiene antecedentes concretos. Fedegán ha registrado actividades en las que productores de leche y plantas transformadoras de Arauca y Casanare fueron llevados al Caquetá para conocer experiencias relacionadas con la Ruta del Queso.
La apuesta busca mostrar alternativas para fortalecer la cadena productiva mediante la integración entre productores, transformación y comercialización, además de incorporar prácticas de ganadería sostenible.
En el caso de Casanare, el reportaje señala que se avanzó en una hoja de ruta de acompañamiento técnico, con participación de The Nature Conservancy, la Cámara de Comercio y el Clúster Lácteo, orientada al desarrollo de sistemas ganaderos sostenibles.
Meta avanza hacia la conservación de predios ganaderos
El intercambio de conocimiento también se ha traducido en acciones concretas en el Meta.
Allí se desarrolla una iniciativa financiada por la Agencia Alemana de Cooperación Internacional (GIZ), con participación de Fedegán, que busca que 40 fincas ganaderas avancen hacia su reconocimiento como Reservas Naturales de la Sociedad Civil, tomando como referencia experiencias de conservación desarrolladas en Caquetá.
La experiencia en Meta ya registra avances en conservación. Un reporte especializado señala que los 40 predios participantes habían superado la meta inicial de protección de 3.000 hectáreas y alcanzaban más de 3.500 hectáreas entre bosque natural y zonas en restauración. También se había avanzado en acuerdos de conservación y en la orientación para la eventual declaratoria de los predios como reservas naturales.
Una ganadería que busca producir y conservar
Uno de los elementos centrales del Pacto Caquetá es la planificación de los predios ganaderos mediante la delimitación de áreas de conservación, amortiguación, agrosistemas y zonas de uso intensivo.
El modelo también contempla la división sostenible de las praderas, manejo eficiente del suelo y del recurso hídrico y seguimiento de las condiciones ambientales de cada finca.
La apuesta parte de cambiar la relación entre ganadería y bosque: los árboles dejan de ser vistos como un obstáculo para la producción y pasan a convertirse en aliados para conservar los ecosistemas y mejorar las condiciones productivas.
En Meta, esta visión se refleja en iniciativas que combinan conservación de bosques, restauración y producción ganadera. Entre las acciones desarrolladas se encuentran la protección de áreas de bosque, instalación de cercas para evitar el ingreso del ganado a zonas de conservación y establecimiento de especies vegetales que pueden contribuir tanto a la restauración como a la generación de nuevas alternativas económicas.
Para Torrijos Rivera, el éxito del modelo depende de que los diferentes integrantes de la cadena trabajen bajo una misma visión.
"Todos ven con los mismos ojos el negocio, tanto el productor como el transformador", dijo.
La experiencia caqueteña plantea así una ruta que busca que la sostenibilidad no sea únicamente un componente ambiental, sino también una herramienta para mejorar la productividad y fortalecer los ingresos de las familias ganaderas.
El reto para la Orinoquia
Para Arauca, Casanare y Meta, el intercambio con Caquetá representa una oportunidad para adaptar experiencias de ganadería sostenible a las condiciones propias de cada territorio.
Mientras Arauca y Casanare han participado en espacios de conocimiento alrededor de la cadena láctea y la Ruta del Queso, Meta avanza en un proceso que combina conservación de bosques y producción ganadera.
El propósito común es demostrar que la protección de los ecosistemas y la rentabilidad del campo no tienen que ser objetivos enfrentados.
"Es posible desarrollar una ganadería rentable mientras se recuperan ecosistemas y se fortalecen las condiciones de vida de las familias rurales", puntualizó Torrijos.