El Gobierno electo analiza una estrategia a 20 años para convertir la Altillanura en un gran productor de soya y maíz, reducir las importaciones y posicionar a la Orinoquia como motor del desarrollo agroindustrial de Colombia.
La Orinoquia podría convertirse en el eje de la mayor transformación agrícola de Colombia. El Gobierno electo de Abelardo De La Espriella estudia una propuesta que busca convertir la Altillanura en un gran centro de producción de soya y maíz, con la meta de sustituir progresivamente las importaciones de estos granos y consolidar a la región como una potencia agroindustrial en los próximos 20 años.
La iniciativa fue presentada recientemente ante integrantes del gabinete designado, el vicepresidente electo José Manuel Restrepo y un representante del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). El documento fue elaborado por la asociación empresarial Prorinoquia y la iniciativa Soya–Maíz Proyecto País, con base en estudios de Fedesarrollo y Scheffer Colombia.
El plan toma como referencia el modelo de desarrollo agrícola del estado brasileño de Mato Grosso, que en las últimas cuatro décadas pasó de poco más de un millón de hectáreas cultivadas a cerca de 20 millones, convirtiéndose en uno de los principales productores agropecuarios de América Latina.
La propuesta contempla tres etapas. La primera, entre 2026 y 2030, proyecta una producción de tres millones de toneladas de soya y maíz, suficiente para reducir en un 37,5 % las importaciones nacionales de estos cultivos.
Entre 2030 y 2034, la producción ascendería a ocho millones de toneladas, volumen que permitiría abastecer la demanda interna y eliminar la dependencia de las compras en el exterior. La meta final, prevista para 2045, es alcanzar una producción anual de 20 millones de toneladas, de las cuales 12 millones estarían destinadas a los mercados internacionales.
Para desarrollar la primera fase se estima una inversión privada cercana a los US$1.300 millones en adecuación de suelos, maquinaria, minería y plantas industriales, además de US$440 millones en capital de trabajo.
La propuesta fue presentada pocos días después de la visita del presidente electo al departamento de Vichada, donde recorrió la Hacienda San José y la Hacienda Scheffer, proyectos reconocidos por su producción agropecuaria tecnificada.
Tras ese recorrido, De La Espriella afirmó a través de su cuenta en X: "Impulsaremos una política de Estado para fortalecer el campo colombiano, incrementar la producción agropecuaria y sustituir progresivamente las importaciones de alimentos que el país tiene capacidad de producir".
Uno de los principales argumentos del proyecto es que la Altillanura posee características similares a las que tenía Mato Grosso hace cuatro décadas, con suelos ácidos y baja disponibilidad de algunos nutrientes, condiciones que podrían superarse mediante procesos de adecuación y tecnología.
Actualmente, Colombia importa alrededor de siete millones de toneladas de maíz amarillo y soya cada año, compras que representan un elevado costo para la economía nacional.
Sin embargo, el estudio identifica importantes desafíos para hacer realidad la iniciativa. El principal es la inseguridad jurídica sobre la propiedad de la tierra, ya que entre el 60 % y el 80 % de los predios de la Altillanura presentan algún grado de informalidad.
El documento también plantea inversiones en infraestructura, entre ellas la rehabilitación de los 750 kilómetros de la vía entre Puerto López y Puerto Carreño, considerada estratégica para mejorar la competitividad de la región.
De concretarse las inversiones y las reformas propuestas, las proyecciones de Fedesarrollo indican que para 2045 el PIB agropecuario del país podría ser un 20 % superior al escenario actual, mientras que el PIB nacional crecería 8,2 %, con la generación de hasta 54.000 empleos cada año.
Para la Orinoquia, el proyecto representa una oportunidad de consolidarse como una de las regiones con mayor potencial para impulsar la seguridad alimentaria y el crecimiento económico del país.