El Diario de la Independencia reconstruye, día por día, los acontecimientos de la Campaña Libertadora de 1819 a partir de documentos históricos, memorias de protagonistas e investigaciones académicas. La narración utiliza recursos propios de la crónica periodística para acercar al lector a los hechos, pero no inventa diálogos ni piensa como si fueran hechos históricos. Cuando existen diferencias entre las fuentes, estas se señalan expresamente.
Provincia de Tunja, 31 de julio de 1819.
La guerra continuaba sin disparar un solo fusil.
Pero eso no significaba que hubiera tranquilidad.
Mientras el Ejército Libertador avanzaba por los caminos de Boyacá, Simón Bolívar sabía que cada decisión debía tomarse con rapidez y discreción. El objetivo ya no era solamente marchar: había que impedir que el coronel José María Barreiro descubriera cuál sería el siguiente movimiento de los patriotas.
Los exploradores iban y venían por trochas y caminos rurales. Cada campesino podía convertirse en un mensajero. Cada rumor podía acelerar o retrasar una decisión. En una campaña militar donde las comunicaciones eran lentas, la información era casi tan valiosa como las armas.
Barreiro tampoco permanecía de brazos cruzados. Sus patrullas intentaban localizar al Ejército Libertador y calcular hacia dónde se dirigía. Sabía que Bolívar podía intentar una maniobra inesperada para cortarle el paso o acercarse a Santafé antes que los realistas.
Por eso, el 31 de julio fue un día de vigilancia constante.
No hubo cargas de caballería.
No hubo cañonazos.
Hubo mapas abiertos sobre mesas improvisadas, oficiales llevando órdenes de un lado a otro y centinelas atentos a cualquier movimiento en el horizonte.
Los soldados, mientras tanto, seguían caminando. Muchos aún sufrirían las consecuencias del páramo de Pisba y de los combates recientes. Sin embargo, nadie abandonó la formación.
Cada jornada acercaba a ambos ejércitos al enfrentamiento definitivo.
Y cada decisión reduce las posibilidades de corregir un error.
La guerra ya no se libraba solamente con valor.
También con paciencia.
Y con inteligencia.
Quien conoce el camino antes que su enemigo, ya ha recorrido la mitad de la victoria.
El protagonista del día.
Los exploradores
Antes de los satélites, de la radio y de los mapas digitales, los ejércitos dependían de hombres que recorrían kilómetros a caballo para observar los movimientos enemigos.
Su misión era sencilla de explicar y extremadamente peligrosa de cumplir: acercarse sin ser vistos, obtener información y regresar con vida.
Una noticia equivocada podía cambiar el rumbo de toda una campaña.
¿Sabía que...?
Durante la Campaña Libertadora, los caminos de Boyacá eran estrechos y difíciles. Un ejército no podía desplazarse con rapidez si desconocía el terreno o si encontraba un puente destruido, un río crecido o un enemigo ocupando el paso.
Por eso, conocer el camino correcto podía ser tan importante como ganar una batalla.
Cómo se construyó esta historia.
Daniel Florencio O'Leary. Memorias del General O'Leary.
José Manuel Restrepo. Historia de la Revolución de la República de Colombia .
Armando Martínez Garnica. La Campaña Libertadora de 1819.
John Lynch. Simón Bolívar.
Academia Colombiana de Historia.
Biblioteca Virtual del Banco de la República.
Ejército Nacional de Colombia.
Mañana en el Diario de la Independencia.
1 de agosto de 1819
La carrera entra en una nueva etapa. Bolívar empieza a considerar una maniobra que podría sorprender a Barreiro y cambiar el rumbo de la campaña. El tiempo comienza a jugar un papel tan decisivo como las armas...