Crónicas, cuentos y novelas


El que quiere guabina

Umberto Amaya Luzardo

No estoy mandando a nadie que lea, fue usted el que compró este periódico para tener la oportunidad de leer, entonces lea, que el que lee, mejora su lectura, aprende a leer bien, termina comprendiendo lo que lee y al final no se deja engañar por embelecos políticos, religiosos, culturales, ni deportivos. Pero es más, sabiendo todos que nuestro sueño es ser el departamento que más lee de todo el país, debemos empezar por nosotros mismos, para que dando ejemplo nuestra familia y nuestros vecinos arranquen en ese propósito.

La lectura está considerada como el más importante de los placeres de la vida culta y es respetada y envidiada por quienes rara vez se conceden ese privilegio. No importa en lo que usted ocupe su vida, sea estudiante o profesor, pero lector; ingeniero, médico o enfermo, pero lector; agricultor, ganadero o vago, pero lector; embolador, barrendero o comerciante, pero lector; sea honesto o corrupto, presidiario o guardián, pero lector; coplero, bailarín o músico, pero lector; que entre más humilde sea su ocupación mucho más le va a servir la lectura, porque el que escoge una vida sencilla y no lee fácilmente cae en la tediosa rutina.

La persona que no lee vive prisionera en su mundo inmediato y es muy fácil conocerla porque su conversación se limita a repetir las noticias del televisor y a comentar lo que sucede en el vecindario cayendo fácilmente en el chisme; en cambio el que lee extiende su visión porque con la lectura viaja a través del tiempo y del espacio. A través del tiempo porque puede buscar libros de otras épocas,  y en el espacio porque puede escoger autores de diferentes países, chinos, rusos, africanos o no importa de qué región del mundo sean, que lo van a llevar de la mano por sus paisajes y costumbres, o discuten y le muestran otras maneras de pensar, y como los escritores son grandes conversadores la persona que lee adquiere el don de la palabra y por consecuencia lógica adquiere un encanto personal.

Y también es lógico que con apenas tres páginas que usted lea, no va a lograr un lenguaje florido, de la misma manera que el hombre que va al gimnasio con un solo día de ejercicio no va a tener músculos grandes, ni la gorda con un día de trote va a bajar quince kilos, ni la flaca con una tarde de sentadillas va a adquirir un trasero estrambótico, sino que al año de estar practicando ya empieza a notarse el efecto en los músculos; igual pasa con los libros, cuando usted lleva un año de lector su vocabulario se ensancha y usted comienza a conceptuar con propiedad.

Son muchos los consejos sobre la lectura y el trato de los libros, pero a mi juicio los dos más importantes hábitos de un lector son: que apenas  termine de leer un libro, a cambio de meterlo en una caja de cartón, amarrarlo con una cabuya y guardarlo debajo de la cama, lo preste, dándole la oportunidad a otras personas de leer, porque un libro debajo de la cama no es otra cosa que un secuestrado, si él pudiera hablar lo llevaría ante el juez. El segundo es que de las veinticuatro horas que tiene el día pueda salirse siquiera quince minutos a un mundo diferente del de las preocupaciones cotidianas;  que esos quince minutos de lectura serán en su efecto sicológico los de un viaje. Esfuércese en un comienzo, que el que quiere guabina se moja el culo.