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De visitas y desencantos

Por: Felipe Harman

Los llaneros no necesitamos contentillo, necesitamos justicia e igualdad social negada históricamente por un Gobierno de pocos, que han replicado en mentiras y engaños al pueblo de a pie, al pueblo que sufre en carne propia el dolor de ver su tierra destrozada mientras la pobreza asfixiante limita su propio desarrollo social y humano.

El Ministro Cárdenas vino a posar de embajador a Villavicencio, a entregar unos recursos que le pertenecen al Meta y que son migajas comparadas con la magnitud de un raponazo  de más  5 billones de pesos en los siguientes cuatro años. Traer los recursos de comercialización como quien entrega una limosna a los municipios productos es una burla propia de sinvergüenzas que termina aprovechando la necesidad de los municipios en el tema de transporte escolar y comedores infantiles.

Sumado a ello, viene  a dar el gran aviso de la privatización de la Electrificadora del Meta, enviando a la basura la gran cantidad de recursos que le han invertido la Gobernación y las alcaldías, incluso de la misma plata de regalías. Las entidades territoriales  se han preocupado por expandir las redes de distribución eléctrica con el ánimo de aumentar cobertura. Dicha cobertura ahora beneficiaria a Emgesa, empresa española que viene configurando el monopolio en la energía eléctrica en el país y que al parecer es la más interesada en la compra de la electrificadora.

Nada se dijo de los proyectos hidroeléctricos que vienen patinando en  la zona de influencia del Meta, uno en el Sumapaz y otro en Guaicaramo en el Rio Upia por la misma empresa Emgesa, famosa por la desviación del rio Magdalena en el Quimbo con el despojo de más de 400 familias campesinas del Huila. Mucho menos se dijo de los proyectos petroleros en ecosistemas sensibles en el Meta,  como es el caso del CPO-9 en la zona de influencia de Sumapaz y el caso de los bloques que rodean nuestros tres parques naturales Tinigua, Picachos y Macarena.

La gira de las migajas paso por Meta, siguió en Casanare y termino en Arauca. El Ministro habla del “pacto del millón”  donde las empresas van a  someter sus planes de inversión social a los planes de desarrollo de los municipios, pacto que se queda en una propuesta demagógica porque no se aterriza a acuerdos contractuales con la compañía. La responsabilidad social termina siendo un asunto de cafetería y las mismas entidades territoriales no tienen ni los elementos ni las herramientas para concretar dichos aportes.

Los llaneros no necesitamos contentillo, necesitamos justicia e igualdad social negada históricamente por un Gobierno de pocos, que han replicado en mentiras y engaños al pueblo de a pie, al pueblo que sufre en carne propia el dolor de ver su tierra destrozada mientras la pobreza asfixiante limita su propio desarrollo social y humano. Se aplaudirán la inversión de dichos recursos para tomar un nuevo aire, pero la dignidad de los llaneros debe expresarse con la fortaleza y la contundencia suficiente para no seguir recibiendo insultos disfrazados de promesas por parte de la Unidad Nacional.  Tengo la esperanza que la valentía identitaria del llanero lo sacudirá del largo sueño y reafirme su voluntad en el desarrollo de la vida política de la región para rechazar en todos los espacios a quienes han sido los representantes de la traición tantas veces hecha.

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