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El aumento de casos de Covid-19 en Arauca se da por la presencia de la variante brasilera.
Opinión

Comamos, bebamos y rumbeamos, que mañana moriremos

Por: Jennifer Villamizar

En Arauca al parecer impera el pensamiento antiguo, que hasta aparece en la Biblia, en Isaías 22: 13. "Comamos y bebamos, que mañana moriremos".

No les importa que las autoridades sanitarias en el departamento hayan alertado de la aparición de la variante brasileña del COVID-19, que es más contagiosa, y por ende, más peligrosa.

Allá están, en bares y tiendas de barrio, bebiendo licor como si no hubiera un mañana, porque es fin de semana y el cuerpo lo sabe. Hablan de crisis económica por la pandemia, pero en las cantinas abundan los afectos al alcohol, buscando celebrar u olvidar.

Van a los restaurantes y estaderos con tapabocas puestos, que luego se quitan para comer. Mientras que en Japón inventaron mesas con pantallas transparentes para disminuir el contagio, aquí los restaurantes y cafeterías han hecho muy poco por prevenir el coronavirus para comensales y personal del lugar.

Y sus argumentos sólo tienen lógica para ellos mismos: "De algo uno se tiene que morir", dice sonriendo un hombre joven, con cardiopatía congénita, mientras se fuma un cigarrillo. "Esas son mentiras, para asustarlo a uno" , dice un bebedor de cerveza. "Yo estoy con Dios y a mí no me va a pasar nada", dice alguien más. No les interesa para nada la situación. De hecho, hay quienes se molestan como si uno les insultara a la mamá, tan sólo por pedirles que se pongan un tapabocas.

A las autoridades civiles les ha quedado grande el manejo de la pandemia en Arauca. Pretenden que con boletines diarios -que ya tienen como plantilla, de lo repetidos que son-, donde aparece la misma frase de autocuidado, la gente les va a hacer caso. No tienen en cuenta que esas peticiones ya perdieron sentido en la memoria araucana. Sus medidas son inservibles. Ni siquiera se preocupan por cambiar la estrategia, crear algo de impacto que motive a la gente a cuidarse. No, aquí lo que campea es la indolencia en unos, y la mediocridad en otros.

Lo cierto es que los que andamos a pie estamos entre la espada y la pared, porque no queremos contagiarnos de algo que nos puede hacer daño a nosotros y a nuestros seres queridos, pero el Estado no ha hecho bien las cosas y la ciudadanía tampoco. La realidad que nos toca enfrentar, es como bien lo dice una vendedora ambulante: "Hay que trabajar, porque si no, no se come".

Y así es como quedamos en las manos de Dios. Que Él nos ayude a todos. Porque está claro que nadie más lo va a hacer.

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