Opinión


La realidad que nos toca cambiar

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Freddy Serrano DíazPor: Freddy Serrano Díaz

Muchos no se imaginan la cantidad de solicitudes que a diario puede recibir un secretario de Tránsito en Colombia y que dan muestra ¿no sé?, si es de un jocoso panorama plagado de estupidez, ingenuidad, especulación o politiquería barata.

“Regáleme una moto así sea viejita, quíteme unos partes, póngame a trabajar en Tránsito una grúa venezolana, legalice usted mismo el mototaxismo, dele un permiso especial a mi hija de 13 años para conducir, bórreme del sistema, regáleme una señal para ponerla en la casa, quíteme un embargo de otra ciudad, entrégueme este vehículo sin Soat ni revisión”... son apenas algunas de tantas frases que he escuchado a mi paso por esta gratificante labor que supone salvar vidas, cumplir y acatar, en un panorama sombrío donde algunos se resisten a creer que el deber ser justifica obviar los atajos y las trampas.

Pareciera que los despachos adscritos a la Movilidad fueran los otrora fortines de la corruptela y la componenda, oficinas para supuestamente hacer un favor al entregar un vehículo o levante una suspensión, cuando estas acciones ponen en riesgo vidas sobre las vías, además de constituirse en delitos por parte de quienes las llevan a cabo.

Algunos estamos convencidos de que si bien la mayoría de los Colombianos saben que los mal denominados “favores”, deben ser hoy un asunto del pasado, se hacen los de la vista “gorda” pues existe el concepto de que un amigo para algo debe servir; si es abogado para orientarme, si es medico para recetarme, si trabaja en la electrificadora para que yo no pague mucho de luz, si es contador para hacerme la declaración de renta y si trabaja en el tránsito para entregarme “MI MOTO”.

Al sombrío panorama se suma la acción perturbadora y confusa de los que se abrogan la interpretación de la ley a su acomodo y conveniencia, dueños de la verdad absoluta y revelada que nunca denuncian en un ente de control y si en el “sistema radial acusatorio” o en la “picota mural de las redes sociales”, que al desinformar confunden y hacen más dispendioso el ejercicio.

Así las cosas estas líneas antes que convertirse en una lamentación más, resumen lo que en Colombia ocurre para buscar la solución a un país donde un ciudadano ofrece una vaca para que desaparezcan sus multas, cuando la venta del animal le alcanza para dicha erogación sin tener que acudir a la trampa que parece generar más gusto a algunos.

Basta ya de amiguísimos, compadrazgo, politiquería y componendas, basta ya de “buscarle la comba al palo”, basta de llamadas ensordecedoras en la madrugada para pedir que no se retenga un vehículo, basta ya del “Usted no sabe quién soy yo”, basta de atajos para obviar la fila y querer pasar por encima de los demás, es sencillo, respetar y cumplir hará que haya menos accidentes y un país mejor que quedara en las manos de nuestros hijos.

Decir adiós a la doble moral es acabar de una vez por todas con el intermediario, con el “le tengo la flecha”, es abrir un escenario justo y eficiente que nos garantice que sin privilegios, cumplir nos da un beneficio y en este caso es construir una Colombia mejor.

No faltará el que mañana pregunte: ¿de que viene a hablar este señor si el es el peor?, pareciera que encontrar culpables nos exonera de ser parte de la solución, luego la
Solución esta en cambiar, entender y asumir que la labor del tránsito por hostil que parezca se remite a cumplir, nos guste o no.