Opinión


¿Hacia donde debemos conducir el municipio de Arauca? La solución está a nuestra vista

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FAVIAN_ESTRADA_VERGEL_OP.jpgPor: Favián Omar Estrada

Ingeniero Especialista en Gestión de Proyectos

Hoy ante la inminente carrera por intervenir en la próxima contienda electoral a la alcaldía de Arauca, muchos de los precandidatos y ciudadanos se preguntan una y otra vez cuál podría ser el mejor discurso para cautivar a los futuros electores. Eso se traduce de alguna manera en un cuestionamiento de índole existencial para los estrategas políticos criollos, asesores de candidatos; gurús que piensan en el cómo hacer llegar, pero nunca en el para qué hacer llegar, porque tal vez no es la materia con la cual están hechos como estadistas, o no les interesa.

Sin embargo acertados o no, candidatos, asesores y ciudadanos, lo importante es que hay actualmente en Arauca condiciones de lucha democrática que deben conducirse de la manera más acertada y con respeto; pero esta ocasión debe ser para lograr ubicar a un aspirante a la Alcaldía de Arauca con el “para qué hacerlo llegar”.

Bueno, lo primero es preguntarse cómo estamos actualmente y hacia donde debemos conducir nuestro municipio. Se trata de un tema de sensatez y coherencia. De sentido común. El municipio se encuentra en una especie de estancamiento económico y social. Y pues lo contrario al estancamiento es el crecimiento. No demos más vueltas; se trata de lograr la fórmula para sintetizar el crecimiento y desarrollo económico del municipio de la mejor manera y en paralelo. Es importante estudiar la diferencia entre crecimiento y desarrollo porque esa ingenuidad es la que nos ha mantenido en el descenso durante los últimos 30 años.  

Sin ir más allá de lo necesario en relación a la explicación, el crecimiento económico resulta de la suma de la exportación y venta de bienes y servicios que permitan la riqueza de un determinado territorio; ahora bien el desarrollo económico resulta de las inversiones en proyectos de bienestar común que buscan mejorar las condiciones de vida de una comunidad. Si partimos de estos dos conceptos y hacemos un plan con objetivos y metas, obviamente un plan que se derive de un juicioso análisis de las problemáticas, podríamos encausar el municipio hacia donde necesita crecer económicamente y hacia lo que le falta de desarrollo. Ahora bien, el desarrollo no tiene discusión, requiere que hayan gobernantes capaces y de carácter, que administren los recursos públicos con eficiencia, con orden y con obediencia de las políticas nacionales. En cambio el crecimiento económico requiere de tacto, de juicio, de investigación, de capacidad empresarial, de visión, de organización y de conocer muy detalladamente el territorio, su vocación y potencialidades. De tener claro el diagnóstico económico y biofísico de los suelos araucanos, y entender plenamente, para el caso de Arauca, que las palabras claves son producir y productividad. Vuelvo entonces a eso de que se debe conocer muy bien el territorio del municipio así como uno debe conocer cada rincón de su casa y culturalmente de dónde somos. Entonces nos ubicamos en una geografía de sabana mal drenada, una sabana donde los veranos configuran sequias terribles que azota la ganadería tradicional extensiva y los inviernos son inclementes por sus inundaciones que arrasan cultivos de plátano y yuca y otros recursos. Sin embargo esos son nuestros lindos territorios de Llano y sabana que culturalmente nos enorgullecen y nos hacen felices de ser araucanos.. Eso es lo que tenemos para crecer económicamente: nuestra sabana. El secreto está en lo que esconden estas tierras, y en la capacidad que tengamos de saberlas moldear para beneficio general, no sólo para modernizar la actividad tradicional que es la ganadería, sino además con el sentido innovador de descubrir la forma de diversificar y buscar otros destinos productivos de bienes y servicios. El potencial de la sabana araucana no tiene límites, es increíblemente poderoso, pero esa oportunidad allí permanece ante nuestros ojos como un gigante perfilado de agua, viento, sol y tierra, estancado en el tiempo.