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La lotería de las citas en el Hospital San Vicente de Arauca

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Por: Jennifer Villamizar

José es un técnico en sistemas de 37 años que se gana la vida duramente para mantenerse él, su esposa y su hijo de 5 años. Un día acudió al médico por un dolor persistente en la garganta y éste lo remitió al otorrinolaringólogo. Ese día comenzó su trajín con el Hospital San Vicente.

Según la entidad, las llamadas para pedir cita con cualquier especialista deben realizarse desde las siete de la mañana. José lleva 2 meses, llamando todos los lunes al call center del centro hospitalario para recibir la misma respuesta: “Ya no hay cupo”. Porque el especialista de la Nueva EPS a la que está afiliado José solo asigna doce cupos para los usuarios en toda la semana.

La historia cada lunes es la misma: José empieza a llamar a las siete en punto y el teléfono suena y suena hasta aproximadamente las siete y veinte que le contestan para decirle lo mismo: que llame el otro lunes. Y eso, si mandan lista de cupos porque hay veces que según las damas del call center el especialista no da señales de vida y entonces no pueden apartarle citas porque él no las ha autorizado.

Una de las funcionarias del Hospital San Vicente que atienden el call center explicó la razón por la cual personas como José no pueden conseguir que el especialista los atienda. Según ella, hay gran cantidad de gente pidiendo cita en Arauca, y pocos médicos para atenderlos, lo que genera como consecuencia que el cupo se llene “en cuestión de minutos”. Como quien dice, se nos creció el chiquito.

Cansado de tener que ir al médico cada rato para renovar la remisión, se fue a las oficinas administrativas de la Nueva EPS donde lo invitaron muy amablemente a insistir al Hospital San Vicente para que el especialista lo atienda. Pero esta no es la única vez que le pasa esto.

Cuando su esposa, ama de casa, quedó embarazada fue la misma trama: que ya no hay cupo, que llame mañana y así, de manera que la mujer muchas veces se hizo sus controles prenatales a destiempo, por el mismo problema. En las últimas semanas del embarazo un gineco-obstetra la vio y la mandó de urgencia al Hospital porque a la mujer le dio preeclampsia, y allá, luego de hacerle el innecesario procedimiento de la inducción de parto, terminaron haciéndole una cesárea de urgencia.

Ahora que la Unidad de Salud de Arauca dejó de estar intervenida, lo cual es muy bueno, la que corre el serio riesgo de pasar por la misma situación es el Hospital San Vicente, pues desde este mes no tiene cómo funcionar, según declaró el mismo gobernador de Arauca, Facundo Castillo.

¿Y cómo no? Si desde el año pasado el centro hospitalario funciona casi que por un milagro. Que no tienen insumos, que les deben varios meses de salario a empleados, quienes desesperados se fueron a paro con cadenas humanas y de hierro para que les solucionaran su problema, entre muchas otras cosas.

“En las crisis económicas es que se conocen a los buenos administradores”, dijo un funcionario. Tiene razón, pues en épocas de vacas gordas es muy fácil gastar. Otra historia es cuando no se cuenta con dinero y, según el Gobernador, el núcleo de todo el problema del Hospital San Vicente es que no se ha recogido cartera.

De ahí que a uno no le debe extrañar que en este pueblo los servicios del Hospital vayan de mal en peor si no hay plata para invertir en mejorar la calidad de la atención al paciente.

Ojalá que de la mesa de trabajo que se tiene presupuestada para la otra semana entre la Gobernación, UAE, sindicatos, ESE´s y EPS´s salgan acciones contundentes que se realicen lo más pronto posible, para que las personas tengamos alguna vez la esperanza de ser atendidos de una mejor manera.

¿Qué es de la vida de José? Lo mismo de siempre: sigue esperando pacientemente a que le asignen su cita con el otorrinolaringólogo. Y mientras tanto, ruega a Dios, para que lo suyo no sea una enfermedad grave, que la ineficiencia de los responsables pueden empeorar y terminar con sus esperanzas en un cementerio.

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